Raid Cicloturístico en San Luis, parte Norte
Por Juan Alberto "Beto" Galmes
beto@infobiker.com.ar
Mapa del Viaje (clic para ampliar)
Sábado 16 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 1 (de 9): Villa Larca – Santa Rosa del Conlara
L
uego de desayunar con mi compañero de viaje: Claudio, nos despedimos de mi primo Juancito, quien seria nuestro contacto “base” aquí en nuestra casita de Villa Larca y entre otras cosas nos seguiría “el rastro” con mapa en mano a partir de nuestras llamadas telefónicas que haríamos durante nuestra travesía.
Beto y Claudio, en su casita en Villa Larca, minutos antes de partir.
09:00 hs. salimos por la calle principal de Villa Larca, siendo el comienzo oficial en el cruce con la ruta 1.
En este sitio ponemos en cero nuestros respectivos ciclo computadores, nos deseamos suerte y comenzamos el pedaleo hacia el Norte (hacia Merlo).
El día es bueno, sin nubes y con mucha resolana. El viento lo teníamos desde el norte (en contra) pero moderado.
A 5 kmts. de nuestra partida, pedaleando tranquilos por la ruta 1 y sin trafico, le voy indicando a Claudio “in situ” y en “tiempo real” el “ABC” del cicloturismo como: el modo de aplicar los cambios y el frenado, pues el tramo venia de “perillas” por las suaves lomadas.
Claudio, había hecho travesías cortas, pero esta era su primera vez arriba de una bicicleta híbrida con sus particularidades, y cargando alforjas.
Mi amigo “agarro viaje enseguida” y se adapto de inmediato a su maquina, y al manejo de la misma, y durante todo el progreso del viaje fue una constante a Dios gracias.
10:00 hs. Transitando por la ruta 1, pasamos por las entradas de los pueblos “Villa Elena” (a nuestra derecha, hacia las sierras), y enfrente “Cortaderas” (a nuestra izquierda, hacia el Valle).
El tramo es simple, agradable a la vista y a nuestras piernas para empezar.... . Vamos transitando por la ruta 1, una cinta asfáltica en muy buen estado, hacia el norte, bordeando a la sierra de “Los Comechingones”(limite con Córdoba) a nuestra derecha, y a nuestra izquierda el imponente “Valle de Conlara”.
En esta etapa se van sucediendo pueblos ubicados en el piedemonte, también llamados de “la costa” de “Los Comechingones”.
10:39 hs. Pasamos por “Los Molles”, con su Cristo en la entrada al pueblo.
11:30 hs. Llegamos a la famosa y siempre linda “Villa de Merlo”. En las cercanías y a medida que nos aproximábamos podíamos divisar en un cerro, y hasta su “top” o “filo” mismo unas “rayitas” o “zig-zag”, que es la traza del asfalto que cruza y llega hasta el lado Cordobés (al menos del lado de San Luis. Creo que del lado cordobés todavía no esta hecho el tramo y solo pueden pasar los vehículos 4x4).
Villa Larca - Merlo
Distancia recorrida: 32,66 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 2h 26’
Apenas llegamos a Merlo y en su entrada, estacionamos nuestras bicicletas e ingresamos a la bien dispuesta oficina de turismo, donde pedimos algunos folletos y nos hacemos poner el sello en nuestros “mapas pergaminos” lo cual “acredita” nuestro paso por Merlo.
A todo esto y ya de mediodía decidimos hacer un alto, conocer un poco Merlo, y almorzar esperando de esta manera a que baje el peligroso sol de esas horas.
Primero descansamos unos 10 minutos en su placita central, mientras decidimos que comeríamos y adonde elegiríamos ir. Queríamos algún lugar con sombra y un poco de agua...
Fue así que, preguntando, nos dirigimos a un lugar llamado “Piedra Blanca” (5 kmts. al Norte)
12:55 hs Estábamos en “Piedra Blanca”, almorzamos a la sombra y al lado de su arroyo, el cual debido a la gran sequía que padece casi toda la provincia (hace meses que no llueve), estaba con poquísima agua en su cauce.
Ahí conocimos a un matrimonio venido desde Bs.As. (German y su Sra.), los cuales compraron un lote grande en un sector nuevo y parquizado en Merlo llamado: “Parque Los Nogales”. Nos comentaron que su intención es la de construir dos Cabañas para el alquiler en temporada.
Dormitamos algo, tirando nuestras bolsas de dormir sobre el césped, pero la tarde estaba realmente “pesada” y el calor era casi insoportable.
Antes de partir opte por meterme en cuerpo completo en una pequeña ollita de agua, haciendo todo el esfuerzo posible, dado, la poca cantidad de agua, para sumergir toda mi humanidad....!.
16:44 hs. Salimos desde “Piedra Blanca” rumbo al centro de Merlo.
17:16 hs. Y ya sobre la ruta nuevamente, rumbeamos hacia el oeste y sabiendo de antemano que ese día, terminaríamos la etapa en “Santa Rosa del Conlara” ubicada a 19 kilómetros de Merlo.
Yendo hacia el oeste, al sol lo teníamos a 45° delante nuestro. Íbamos con algo de viento en contra, pero cabe destacar que, como bajábamos hacia el Valle del Conlara y salíamos prácticamente desde la misma montaña, los 19 kilómetros que separan a Merlo del Santa Rosa de Conlara son todos de bajada...!
18:34 hs. Habiendo cruzado la ruta 148, llegábamos a Santa Rosa del Conlara.
Villa Larca – Santa Rosa del Conlara
Distancia recorrida: 63,56 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 4h 17’
Con un tranquilo pedaleo cruzamos todo el pueblo y fuimos directamente a su famoso balneario muy conocido por ser el único en la zona de amplias dimensiones.
Llegando, primero debemos cruzar un puente de hierro sobre las aguas del río “Conlara” (el cual nace mas al sur, en el embalse San Felipe).
Enseguida y allí mismo, frente al balneario encontramos un hospedaje económico y muy bueno:
“Patio Olmos”, atendido por Luis Pedro Olmos.
Alquilamos por solo una noche y hasta el otro día una habitación con: camas, baño/p, y t.v., 10$ por persona.
Nuestras bicis en el Hospedaje en “Santa Rosa del Conlara
Nos dejaron entrar nuestras bicis en la habitación, y luego.....así como estábamos con las calzas cortas de ciclista, toallas, galletitas y termo en mano, fuimos a darnos un “chapuzón” en este balneario, por donde pasa este río llamado “Conlara ”. Según se dice es el único en América que corre de Sur a Norte, y el segundo en el mundo junto al Nilo que también corre hacia el Norte hasta llegar al mar Mediterráneo.
El agua del río estaba calentita, y muy cristalina.
El balneario también dispone de un camping a la par, con mesas, asadores y árboles. Se podía escuchar a un grupo de jóvenes tocar la guitarra y cantar a coro todos con muy buena voz.
Esa tarde de Sábado, y como todos los últimos Sábados, se podía sentir a la gente de Santa Rosa del Conlara, haciendo una marcha de protesta con bocinazos y cacerolazos, por el crimen no esclarecido de un humilde lugareño apodado “Cusa”, que tuvo mucha resonancia aquí en la provincia, e inclusive se ha difundido mucho esta noticia en Bs. As.
Por la noche y luego de cenar en una de las mesitas de plástico del hospedaje unos ricos sandwiches de milanesa fuimos a caminar por el pueblo, tomamos unos helados y pudimos mandar e-mails a nuestro contacto local y nuestras familias en Bs.As.
Domingo 17 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 2 (de 9): Santa Rosa del Conlara - Quines
Luego de haber pasado una noche no tan buena respecto al sueño, debido al volumen de la música de un boliche nocturno muy cercano, nos levantamos a las 07:00 hs., y ya a esa hora nos llamo la atención el solazo que ya teníamos sobre nuestras cabezas, sin duda intuíamos de antemano que tendríamos un día espectacular y bastante pesado.
Después de acomodar nuestras cosas y charlar con el anfitrión del hospedaje (Luis Pedro), cruzamos la calle y enfrente desayunamos en una casa de familia con cuyos dueños habíamos entablado una conversación el día anterior, un matrimonio mayor y su hija, venidos todos ellos desde Pacheco, Prov. de Bs.As. a vivir a San Luis, escapando como tantos de nuestra convulsionada Bs.As..
Se trataba de la Flia. Rearte, Don Santiago, su mujer Norma y su hija Norma.
Café con leche y pastelitos hechos por su hija (3$ cada uno), fue nuestro primer desayuno en este Raid; despedida y foto de por medio, con esta familia fueron nuestros últimos momentos en S.R. del Conlara, empezábamos así nuestra segunda etapa.
Con la familia Rearte, en “Santa Rosa Del Conlara
09:00 hs. Salíamos desde Santa Rosa del Conlara, rumbo siempre al Oeste.
La etapa de este día seria Santa Rosa de Conlara – Quines.
Para llegar a Quines, teníamos dos alternativas, la primera era el hacerlo por un camino rápido y asfaltado (ruta 23 hacia el norte, pasando por la localidad de “Lafinur”, y luego bajando por la 20).
La segunda era el hacerlo por la antigua ruta de ripio y de montaña, atravesando “La Quebrada de Cautana”, pasando por el pueblito de “El Talita” antes de terminar en Quines.
Como “buenos cicloturistas” desde el vamos este tramo habíamos concebido hacerlo por esta segunda opción. siempre se disfruta mas en bici por montaña, aunque esto implique un poco mas de esfuerzo. Mi amigo y yo queríamos desde el principio conocer y disfrutar mas por caminos no tan conocidos, y mas aun San Luis en su parte Norte y Nor-Oeste.
09:30 hs. y a 7 kilómetros después de haber dejado Santa Rosa del Conlara, teníamos a nuestra derecha el desvío que nos llevaba hacia la “Quebrada de Cautana”. (A nuestra izquierda teníamos otro desvío asfaltado que lleva a unos 15 kmts. al famoso “Bajo de Veliz”, lugar de formación geológico más antiguo que “Los Andes”, conocido además por sus canteras de piedra laja del tipo “pizarra” que aloja a su vez valiosos restos fósiles, como, por ejemplo, el muy reciente hallazgo de fósil de araña más grande del mundo...!).
A partir de aquí dejábamos el cómodo asfalto por primera vez y debíamos circular por camino de ripio.
Dejabamos el asfalto e ingresabamos a la “Quebrada de Cautana”
Mi amigo y yo, ya pedaleábamos disfrutando tranquilamente, mientras nos íbamos internando en la inédita quebrada por la callecita de piedra y laja o, en su defecto, la vieja ruta 5 provincial, cerritos con muy poca vegetación.
Se podía ver como la sequía, por la falta de lluvia, dejaba su sello también en los escuálidos animales tales como caballos y mulas, a los cuales se los veía muy desmejorados, flacos y desganados. Algunos de ellos, nos seguían con la mirada ante nuestro paso, además hemos visto algunos muertos e incluso agonizando en el medio de la calle.
10:40 hs. Primer “accidente” en una pequeña bajada de ripio irregular, y con mucha piedra: rompo un rayo trasero del lado de las coronas o piñones...!, zas...! me dije...
Hacia mucho calor para ese entonces, no había un ápice de sombra. Dado la dificultad de desarmar justo de ese lado el rayo, y por ser solo uno, decido proseguir con la marcha. Pero le indico a mi compañero que mi cadencia seria ahora a menor velocidad, poniendo ahora mas atención y cuidado donde rodarían mis dos ruedas.
A pesar de algunos inconvenientes técnicos, el paisaje se presentaba maravilloso
Kilómetros mas adelante mi maltrecho aro trasero empieza a “birularse” debido a la avería del rayo, lo cual me obliga a aflojar y soltar todo mi freno para que mi “algo” torcida llanta gire libremente....Eso rogaba....! que siga en “algo” y que no llegue a descontrolarse el asunto, dado que ahí si debería hacer algo mas....
A medida que avanzábamos, crecía el calor y la sed, el paisaje y esto me hacia “olvidar” un poco de mi rueda, aunque la misma pareció acomodarse y no se descontrolo mas a Dios gracias.
11:09 hs. Estábamos a 28 Kmts. de nuestro próximo pueblo: Talita.
11:13 hs. habíamos hecho ya unos 27 kilómetros desde nuestra partida desde S.R. del Conlara. Paramos en una chacrita sobre la ruta donde vimos la oportunidad de recargar nuestras ya vacías caramañolas. A nuestro pedido una mujer se dirige a su aljibe y, con polea y soga, nos trae un balde de plástico lleno de agua, del cual primero tomamos gran cantidad y por ultimo, ya satisfechos, llenamos nuestras caramañolas para el viaje.
11:59 hs. debemos parar, ya que mi rueda trasera indica pinchadura...!, nos detuvimos debajo de un arbolito y la emparchamos. Lo cómico y sorpresivo fue que en cuanto vamos al camino nuevamente para reanudar la marcha vemos mi rueda delantera pinchada....!, nos miramos con Claudio...no podíamos creerlo....!, había pinchado estacionando la bici debajo del arbolito.....!, nos preguntábamos “....la habría pinchado allí?????”, cosa rarísima, jamás me había pasado, “dupleta” me dije.
A la sombra, cambiando camaras....!
Esto fue en realidad un “pre-anuncio” de lo que vendría y de lo que nos pasaría tanto a Claudio como a mí, casi en todo este periplo en especial la primer mitad. Todo un tema: “pinchaduras”, y las varias teorías del porque.
Ya pasadísimos del mediodía, sin comer, con mucho sol y calor, avanzábamos por el camino pensando, mirando y rogando encontrar una sombra buena para hacer la clásica parada del mediodía.
Así desde lejos, ya circulando por el llano y habiendo salido por la bonita y algo “traumática” (para mi bici) “Quebrada de Cautana”, vemos a lo lejos una gran, frondosa y alta arboleda sobre el camino.
“Ahí paramos....!”, le grito a Claudio.
Al encuentro del primer sauce, pegadito a una tranquera nos bajamos desesperados, apoyando nuestras bicis contra el alambrado ...y a la sombra...!
Luego de unos minutos de “recupero”, ya miramos hacia el interior de lo que parecía ser una amplia estancia dedicada a la agricultura. Algún tractor y maquinaria daban cuenta de ello.
Sin ver a nadie, golpeamos las manos, sin muchas esperanzas que nos escuchen dado la distancia de la finca hasta el camino. Esperamos algunos minutos y a lo lejos aparece un muchacho. Le preguntamos si podríamos al menos ingresar a la finca y poder descansar contra alguna pared y con alguna sombra más consistente....y si no era mucho pedir si existía la posibilidad de poder mojar nuestros pies en algún charquito de agua.
El muchacho iría a preguntarle al dueño, y pensaba que no habría problemas.
A pocos minutos el dueño nos indica que entremos 100 metros mas adelante por otra tranquera, y nos acerquemos hacia el casco o cuerpo principal de la estancia, pues allí corre una especie de acequia de riego y podríamos en ella refrescarnos. La pegamos.....!, nos dijimos con mi compañero.
Me adelanto primero hacia la tranquera, abro la misma, y observo que Claudio mira las ruedas de su bici, no sube y viene caminando hacia donde estaba yo.
Cuando llega a mi lado me dice: “tengo las dos ruedas pinchadas”.....otra dupleta.....!
Le digo: “Me estas cargando...no puede ser....!”, pero así era. Mi amigo no estaba haciendo bromas, había pinchado realmente sus dos ruedas...!
Entramos a la estancia, llegamos hasta el arroyito, nos sacamos las zapatillas, las medias y nos sentamos sumergiendo nuestras “patas” en el agua.
13:30 hs. Santa Rosa del Conlara – Estancia “Cautana”
Distancia recorrida: 36,59 kmts.
Tiempo de pedaleo: 3 h 03 m.
A todo esto el tema de conversación fue: “las pinchaduras”.
Nos preguntábamos:
¿por qué tantas en un solo día?
De cuatro pinchaduras que llevábamos hasta ese momento, una fue rodando, pero las otras tres fueron pinchaduras cuando nuestras bicis estaban paradas y estacionadas, ¿había espinas o algo así al costado del camino?
O ¿estábamos haciendo algo mal o simplemente era el destino?.
El asunto no nos gustaba demasiado, ya que habíamos traído 5 cámaras de repuesto y ya habíamos cambiado 4....!, solo teníamos una mas....!, y casi la mitad del viaje en esta segunda etapa...!.
No nos quedo otra que preguntarle al dueño si, dado que el tenia vehículos (tractor y camioneta), y al estar lejos de los pueblos, tal vez tendría elementos para emparche de sus cámaras. De inmediato y a Dios gracias nos respondió que si y nos facilito su tallercito, una planchita de parches y cemento para tal fin.
Esa tarde de 14hs. hasta las 16hs. con mi amigo hicimos de bicicleteros, especialidad: “parches”, estábamos contentos de poder hacerlo, y poder así salir del paso gracias a este muchacho...
Así fue que, descansando en la sombrita del tallercito de techo de caña y barro, dejábamos que baje el sol mientras empachábamos nuestras cámaras...
Este asunto no dejaba de intrigarnos y sorprendernos ya que durante el “emparche” y al volver a inflar las cámaras, notábamos que las mismas tenían mas de una perforación en algunos casos hasta tres....!
A todo esto, ya con “terror” pasábamos nuestros dedos por el interior de las cubiertas tratando de encontrar lo que hacia tantos estragos.
Y Bingo....!, mas de una espinita, si “espinita”, sacábamos de las cámaras con nuestras pincitas del tipo “depilación” que saben tener las navajas utilitarias multi-uso que ambos llevábamos.
Descanso y emparches dentro de la “Estancia Cautana”
Habiendo terminado por fin con nuestras cámaras, al despedirnos de nuestro anfitrión, devolviéndole los elementos y agradeciéndole, le hacemos referencia a nuestras pinchaduras y le preguntamos si él podría tirarnos alguna teoría del por que, y si realmente ¿eran las espinitas?, ¿por que tantas?, ¿dónde estaban?,¿qué es lo que no debíamos hacer?.
Simplemente nos dijo: “Si, acá las bicicletas pinchan muchísimo, y es debido a que en casi todos los árboles de esta región, los loros (que los hay por doquier) confeccionan sus nidos con ramitas del árbol del Tala, y estas tienen sus grandes espinas como así también espinas compuestas que caen desde los nidos al pie de los árboles. Las mismas, debido al viento se desplazan hacia el mismo camino también, por lo tanto la probabilidad de pinchar es altísima”.
Con Claudio nos dijimos: “Sonamos....”, y me acorde de las caras pero buenas, cintas protectoras antipinchaduras de Keblar (“que bueno hubiera sido ponerlas en esta oportunidad”me dije....., pero bueno “quien hubiera sabido...”, “las pongo para la próxima”).
La conversación con el dueño de la estancia siguió y nos contó sobre el lugar (único del sitio realmente mas forestado), con un marco realmente imponente de montañas de poca altura que lo rodean. Y como siempre a medida que bajaba el sol el contraste de los colores eran mejores tales como el verde.
Además nos dijo que en el lugar hay animales tales como: el puma, vizcachas, lampalaguas, etc.
16:48 hs. Salimos de la estancia “Cautana”.
Ya las sierras habían desaparecido a nuestro paso, el camino era mas plano, y la vegetación más abundante y verde.
17:58 hs. Legamos a “Talita”.
Santa Rosa del Conlara – Talita
Distancia recorrida: 50,80 kmts.
Tiempo de pedaleo: 4 h 09 m.
Llegando al pueblo y entrando al mismo, divisamos la placita, un almacén, la iglesia al lado y un hermoso cerro detrás.
Bastante cansados y con sed, hicimos una parada obligada en el almacén, por el día y a pesar de la hora parecía que llegábamos a la hora de la siesta, nadie a la vista...!.
Nuestra llegada a el pueblo de “Talita”
Golpeando la puerta, sale una señora, le pedimos gaseosa y descansamos haciendo un alto.
Nos enteramos que tanto el primero, y ella después, son ex–intendentes de este sencillo y vistoso pueblito del departamento de Junín. Era el matrimonio García.
19:26 hs. Salimos desde “El Talita”. A partir de aquí y hasta llegar a Quines, tendríamos todo asfalto..
19:56 hs. A poco de salir mi tercera pinchadura, y la quinta del total....!
20:25 hs. Llegamos a un cruce en la ruta: hacia la derecha “Quines”, hacia la izquierda “San Martín”.
20:31 hs. Con las ultimas luces del día arribamos a otro cruce. Se trata de la ruta 20, la cual nos indica a la izquierda “Quines” y a la derecha “Villa Dolores” (esta ultima en Córdoba).
Si bien ya circulábamos de noche, sabíamos que estábamos a pocos kilómetros de Quines (donde pararíamos).
En este tramo / tramito fue donde tuvimos el viento mas fuerte de todo el raid. Lo teníamos muy fuerte y cruzado desde el sur a nuestra izquierda, lo que originaba nuestros “despistes” hacia el costado de la ruta....!. A Dios gracias, a menudo las ráfagas que venían con furia, nos sacaban hacia la banquina, hacia el pasto...y nunca hacia la ruta.
Con Claudio mientras circulábamos ya con luna llena, observábamos como, a nuestras espaldas (al este y del lado de Córdoba), se estaba formando “la tormenta perfecta”: refucilos, relámpagos, nubes, y cúmulos de nubes muy raras.
Conformaban una pared enorme que parecía seguirnos a nosotros y a la luna. Al alcanzarla y taparla, la noche y la oscuridad se nos vinieron encima por completo.
Noche y cielo raro se nos dio en ese momento, mas un viento furioso. Quizás en algún lugar estaría cayendo granizo, nos decíamos. Aparte, otra cosa no podía esperarse en una región en donde se sabe hace 8 meses que NO llueve una gota.
Como si esto fuera poco, unos kilómetros antes de llegar a “Quines”, y a nuestra derecha sobre las sierras podíamos ver la luminosidad producida por un incendio de proporciones (esto fue una constante en todo el raid ciclístico en cada pueblo que tocábamos, repito debido a la gran sequía en esta provincia).
21:46 hs. Llegábamos a “Quines”, y nos albergábamos en un económico hospedaje sobre la ruta 20.
Hospedaje
“La Casa de los Abuelos”
habitación 10$, cada uno.
Antes de bañarnos y para no salir luego, ni tener que cambiarnos de ropa, optamos por ir a cenar con la misma ropa de pedaleo a un restaurante a unos 500 mts. mas allá del hotel y también sobre la ruta.
Lomito, lechuga y tomate, papas fritas y gaseosa “naranja”. 16$ la cena, los dos.
El día había sido intenso en emociones: la hermosa “Quebrada de Cautana”, las pinchaduras, el bonito y sencillo pueblo de “El Talita”, la tormenta, el incendio, ya eran historia.
Estábamos muy cansados, el sueño nos gano de inmediato.
La segunda etapa, había concluido.
Santa Rosa del Conlara - Quines
Distancia recorrida: 76,58 kmts.
Tiempo de pedaleo: 5 h 59 m.
Raid Cicloturístico en San Luis, parte Norte
“Quijadas 2002” (cod. 0206)
Lunes 18 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 3 (de 9): Quines - Hualtaran (P.N.S. de las Quijadas)
Acequia en “Quines
D
espués de pasar una muy buena noche, descansando a “full”en una muy buena camita, desayunamos café con leche y tostadas en el Hospedaje “La Casa de los Abuelos” (habitación + desayunos a 10$ cada uno).
Terminado nuestro desayuno, cruzamos la ruta rumbo al centro de Quines para encontrar alguna bicicletería donde puedan arreglarme el rayo cortado de mi rueda trasera y poder también emparchar una camara.Una buena excusa para conocer su centro y placita principal. Teniendo cerca el municipio, entramos en él para poder sellar nuestro “mapa pergamino”.
Hacia la salida del pueblo, encontramos un bicicletero que parecía trabajar muy bien, y ahí nomás, sacó mi rueda “al toque”, extrajo las coronas, cambió el rayo, centró mi llanta y luego emparchó una cámara que llevábamos pinchada.
(arreglo rayo + 1 emparche + compra cámara nueva = 8$).
10:58 hs. Partimos de esta gran ciudad en el Dep. de Belgrano, llamada Quines.
Simbolo representativo de la fiesta del Mate en “Quines
Tomábamos de nuevo por la ruta 20 rumbo a nuestra próxima ciudad: Luján. A medida que hacíamos esta pequeña etapa, observábamos hacia ambos lados de la ruta, todo negro (de cenizas) y desvastado por los incendios. Como así también en el alto y sobre el cerro, un fuego de proporciones, que era el que vimos la noche anterior a nuestra llegada a Quines.
12:39 hs. Llegábamos a Luján
Quines – Luján
Distancia recorrida: 20,86 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 1h 26’
Decidimos, como siempre, parar al mediodía, y qué mejor sino hacerlo en Luján y poder conocer su dique...!.
Así que, a la entrada del mismo, paramos en su municipio. Hicimos sellar el “mapa pergamino”, y luego preguntamos a qué distancia se encontraba el embalse. Nos informan que está a solo 3 kilómetros y hacia los cerros. Así que compramos algo de fiambres, pan y gaseosa, y salimos con nuestras bicis cargadas y cuesta arriba hacia el dique.
Rumbo a el, pasamos por un camping no muy mantenido al lado del río Luján, y a nuestra derecha por un lujoso hotel.
13:22 hs. Llegamos al pequeño embalse de “Luján”, y paramos en lo que parece ser un lugar “fresquito” para poder descansar allí. Se trata de una pequeña casita de material, con un amplio porche o alero, que nos proyecta sombra. Ahí uno se puede sentar o acostarse. El viento corre suave, por estar esto sobre una lomada y, además, la vista desde allí es muy hermosa. Enfrente y alrededor todo es sierras y, a nuestra derecha, el paredón conteniendo el agua.
Almorzamos, extendimos nuestras espaldas en ese lugar fresquito y pudimos dormitar algunos minutos. Al poco tiempo llega un Señor mayor (no recordamos su nombre), al cual bautizamos luego como “negro Álvarez” cariñosamente, dado su parecido con este humorista cordobés que uno sabe ver en la t.v. Esta persona era la encargada de regular el paso del agua desde el dique hacia el pueblo o acequias, según la cantidad disponible. Y lo hacía cerrando o abriendo un sistema de esclusas para tal fin.
Centralita con esclusas para el paso de agua del dique “Lujan”
Entablada la charla con este amable hombre, nos cuenta algo que ya sabíamos, como era el hecho de que hacía 8 meses que no llueve como corresponde en el lugar, y que el embalse está con poquísima agua. (Con Claudio, en un acercamiento hacia el dique minutos antes, nos dimos cuenta de ello, dado que vimos la marca del nivel del agua sobre la piedra en la montaña cuando el embalse esta con su nivel normal).
Nos cuenta además que él está encargado de regular el paso del agua, y en la actualidad viene desde el pueblo a las 05:00 de la mañana y por la tarde todos los días, desde hace unos 27 años, allí en el dique Luján.
Luego nos deja por un momento, se mete en la casita (en cuyo exterior estábamos descansando), y sale hacia el embalse llevando algunos elementos de medición (algo parecido a un cable o piola, y una cinta métrica). Vuelve a los 15 minutos y nos comenta que ese día Lunes, el nivel del agua había bajado con respecto al día Viernes anterior unos 20 cmts.. Luego nos tiró algunos datos tales como que, el embalse, en su parte más profunda, mide unos 8mts.. Y nos comentó también que supo ahogarse allí alguna vez un “porteño” que se mandó un clavado desde la montaña, y luego literalmente “se fue a pique”.
Luego nos invitó a bajar hacia el paredón para mostrarnos su trabajo. Por unas muy largas escaleritas de cemento llegamos a una pequeña centralita donde, por dentro, pasan algunos caños llevando el caudal de agua, y aprovechando la presión que ejerce esta, se instaló en el sitio un generador de electricidad (solo para uso en el complejo del dique).
Dique en "Luján"
Entusiasmado mostrándonos el lugar, nos dice que bajemos aun más por las escaleras, que nos iba a acercar hasta el mismo río Luján (por supuesto, del otro lado del paredón), y allí nos llenaría nuestras caramañolas de agua fresca y potable. A medida que bajábamos por las escaleritas hacia el río, veíamos formarse un pequeño arco iris debido a la estela de rocío que emanaba la salida de un fuerte chorro de agua desde un caño derivador ubicado debajo de la centralita de mantenimiento.
Luego subimos, el hombre se despide, y regresa al pueblo.
Mientras tanto con Claudio, ahora deberíamos dilucidar la estrategia de nuestro periplo.
Realmente estábamos preocupados, aunque sin hablarlo, por la etapa que faltaba superar. Muy difícil, la llamábamos “ la etapa D”.
Este raid fue concebido y bautizado “Quijadas 2002”. Justamente nuestro objetivo e idea principal, era llegar a ellas haciéndolo en nuestras bicis desde el “otro lado” de San Luis..
Las últimas visiones de incendios y sequías, que en días previos habíamos experimentado, nos fueron “minando” en pensamientos negativos de poder realizar dicho raid completo y con los objetivos propuestos.
Máxime el calor de esos días, y el conocimiento de antemano que, desde Luján y hasta el cruce de la ruta 20 (por la que íbamos), con el cruce de la 147 que lleva a Quijadas, nos separaban 100 kilómetros difíciles, sin tener ningún tipo de abastecimiento, ni sombra alguna, ni nada.
Se nos cruzó en un momento abortar la idea original del viaje de llegar hasta las Quijadas, y regresar desde Luján, bajando por la ruta 146 hacia L.N. Alem, y luego a San Francisco del Monte de Oro.
Pensábamos, pensábamos......, y estábamos preocupados, pero, a su vez, queríamos hacer el viaje original.
Nos decíamos que tal vez seríamos locos pero no bol....., ya que no queríamos morir en el intento, calcinados en la ruta, sin una gota de líquido en nuestras caramañolas.....por el hecho de llegar hasta las desconocidas todavía para nosotros Sierras de las Quijadas...
Seguíamos pensando y tirando alguna idea, mientras mirábamos nuestros mapas y hojita de ruta...
Hasta que un “chispazo” de una idea, se convirtió luego en lo que hicimos finalmente...
Nos decíamos: “Estas noches....son de luna llena....y son espectaculares........, únicamente......Siiiiiii!!!!!!!!!!!!, no queda otra, hacer el tramo de noche, aprovechar la noche....! que más.....!!!!!!, pedaleamos como si fuera de día con semejante luna, tranqui....despacito pero sin pausa, seguramente nos comeríamos los kilómetros de una manera cómoda.....!”.
Le propuse a Claudio preguntar en la comisaría, y a algún agente de policía en particular, cómo está el tramo?, cuánta es la distancia hasta el cruce?, etc, etc. Me decía, quién mejor que la policía del lugar para saber algo mas al respecto, seguramente ellos, en sus vehículos, mas de una vez lo hacen a la semana, no?.
Nos responden luego en la comisaría lo que ya sabíamos: “No hay nada de nada hasta el cruce que lleva a Quijadas, y son hasta allí unos 100 kilómetros”.
Le pregunté a Claudio si estaba dispuesto y animado en el pedalear, de noche y ese tramo de no menos de 100 kilómetros de un saque, por supuesto antes de que asome el sol. El asunto era tener esa etapa completa...
Me respondió de inmediato, que no tendría ningún problema, pues el también quería llegar a Quijadas.
Así que, de inmediato, llegó la hora de decir adiós al dique Luján. Bajamos al pueblo, nos metimos en un almacencito, y nos proveímos de abundante líquido para la noche. Compramos 4 gaseosas de 2,25 litros cada una, y una tomamos allí. También, y sin pensar mucho en algo para comer en la cena en la ruta y de noche, compramos 4 galletas y un salamín.
Antes de dejar Luján, aprovecho y voy a un teléfono público, para saludar a mi esposa Eugenia, pues ella ese día cumplía 41 años.
Acomodamos nuestras bicis, repartimos las cargas con los botellones de gaseosas, y salimos.
Estábamos ansiosos por el desafío de esta etapa, ya que era la primera vez en nuestras vidas que íbamos a hacer un recorrido digamos largo en kilómetros, de noche y sin NADA, ni nadie en este tramo. Solo una cosa sabíamos segura: El tramo estaba todo asfaltado.
Pero, al mismo tiempo, estábamos felices, ya que cumpliríamos nuestro objetivo, y nos habíamos sacado un peso de encima “rompiéndonos la cabeza” de cómo superaríamos este tramo siempre hostil, incluso en invierno.
18:58 hs. Salimos de Luján. Cosa rara y curiosa me pareció, a Dios gracias, salir tan tranquilo a esa hora, dado que, en una etapa normal, uno va apagando turbinas y buscando algún lugar para parar, como en todos mis anteriores viajes.
Saliendo desde Luján, y circulando por la ruta 20, llegamos al cruce de la ruta 146, y un cartel dice San Luis Capital (hacia la izquierda) a 125 kmts., Quines (hacia la derecha) a 22 kmts.
Luego llegamos a otro cruce en donde un cartel reza lo siguiente: Encon 184, Caucete 271 y San Juan 299. Por supuesto, nosotros no iríamos a ninguna de estas localidades Sanjuaninas, pero debíamos tomar por esa ruta.
Nuestro objetivo esa noche era entonces el recorrer por la ruta 20 aproximadamente unos 103 kilómetros, hasta donde se suponía debería estar el cruce con la ruta 147, y tomar esta luego hacia el sur, para hacer unos 14 kmts. mas por esta, hasta llegar a “Hualtarán”, lugar de entrada al Parque Nacional Sierras de las Quijadas.
19:21 hs. Pasamos, y cruzamos, un puente sobre un río seco en ese momento: “Río Los Corrales”. Debajo observábamos a un arriero conduciendo unas vacas.
A pocos kilómetros de nuestra salida de Luján, tanto a Claudio como a mí, nos pasó algo realmente curioso y sorprendente:
Circulando sobre la ruta 20 asfaltada, y pedaleando por debajo de unos cables de alta tensión, sufrimos fuertes descargas eléctricas que realmente nos metieron miedo. Yo sentí el shock eléctrico ante la alternancia del pedaleo, entre el comienzo de mi pierna y el asiento, una y otra vez, una pierna y luego la otra, y cada vez que alguna de ellas se acercaba al asiento.....!!!!, realmente saltaba del asiento....!!!!. Primero me parecían “pinchazos fuertes”, después comprendí que era otra cosa..., mirando ambas torres de tensión que aguantaban el tendido del cruce de tres cables por sobre nuestras cabezas en la ruta.
Por su parte, Claudio sintió la descarga en sus manos (llevaba guantes recortados), al contacto de sus dedos con su manubrio de metal.
Fue cómico...gritábamos los dos arriba de nuestras bicis como gallinas...!!!, pero no pudimos hilvanar palabras hasta luego de haber pasado por debajo de ese campo magnético....!, habrán sido unos 5 segundos interminables....!.
Confieso haber pasado en muchísimos casos, por infinidad de rutas, y debajo de muchos cables de media y alta tensión, como tanta gente, pero haber pasado por una situación así, jamás...!, ni incluso haber escuchado algún comentario siquiera...
20:41 hs. Pasamos por “El Baldecito”, en donde a la vera de la ruta, de nuestro lado, vimos una pequeña capillita con una Virgen, y alrededor, unos pequeños arbolitos. Allí un gaucho a caballo a nuestro paso, nos preguntó si kilómetros antes no habíamos visto alguna vaca suelta en la ruta.
22:06 hs. Con toda la noche encima, y con una luna llena fenomenal, que nos permitía circular sin problemas, debemos parar, ya que Claudio pincha su rueda delantera.
Avanzando placidamente, pedaleamos a la par en una ruta sin tráfico, lo cual nos permite charlar. Mientras lo hacemos, se suceden cada tanto alguna que otra casa o chacrita con luz interna, gracias a que alguna de ellas dispone de grupo electrógeno, el cual escuchamos desde la ruta.
e22:25 hs. Pasamos por “Lomas Blancas”. Me detengo y, curioseando el mapa, veo y le comento a Claudio que estamos a un poco menos que la mitad del tramo.
En ese momento tenemos la luna a nuestra derecha, a unos 40°, en el Oeste. La noche se ve poco estrellada, quizás debido a la intensidad de luz lunar.
Transitando ambos con remera ciclista mangas largas y calzas cortas, podemos sentir un poco la brisa. Pero la noche está muy pesada e increíblemente podemos sentir calor. Cada tanto, hacemos alguna paradita técnica y tomamos un sorbo de gaseosa, las cuales vemos con felicidad cómo se mantienen a una buena temperatura, no convirtiéndose en “agua para el mate”.
A todo esto, nos decíamos con Claudio, lo que sería transitar por allí durante el día...!. Nosotros sentíamos un aire bastante denso y con humedad, aún transitando de noche...
Kilómetros después de superar “Lomas Blancas”, sentimos a nuestra izquierda, de entre algo de vegetación y medanos de tierra, a alguien pegar un grito del tipo “sapucai”, bue...nos dijimos, habría gente por allí o muchachos tal vez disfrutando de la noche. Al hacer unos 200 mtrs. sentimos un fuerte disparo de algún arma de fuego...¿¿¿..!!!...????. Ahí nomás, e instintivamente, con mi compañero, nos agachamos y nos disparamos con un fabuloso sprint acelerando nuestra marcha, la cual mantuvimos por unos 2 kilómetros.
Qué habría sido eso?, nos habrían disparado?, solo era gente que, tal vez y/o seguramente, estaría cazando cerca de la ruta?. Pues nunca lo sabremos.
23:45 hs. Nos “pintó” el hambre, y decidimos parar junto a un cartel grande sobre la ruta, aprovechando sus postes para apoyar nuestras bicis. El mismo decía: La Botija (derecha), Árbol Solo (izquierda), Gral. Roca (izquierda).
Cortamos en rodajitas un salamín y pan que habíamos comprado en Luján y, de “dorapa”, cenamos con la luna como Farol.
Después de unos 40 minutos de stop, seguimos. Ahora notamos un moderado viento de cola (a favor). A la noche la sentimos cada vez mas pesada. Hacia nuestra izquierda (lado Sur), o sea, hacia el lado de San Luis Capital, se pueden ver en el horizonte algunos refucilos y rayos. Evidentemente, al parecer por allí se estaría lloviendo todo.
Por otro lado, y mirando hacia de dónde venimos, a lo lejos, y prestando mucha atención, un incendio de proporciones en lo alto de algún cerro seguramente. Pensándolo bien, sería muy factible que se trate del que horas antes dejábamos en Quines, debido a su magnificencia y la nitidez de la noche. Sumado esto a la luminosidad de las llamas en un espacio libre de obstáculos como edificios u otra cosa, y muy a pesar de la distancia recorrida, pienso no habría ningún tipo de problemas en poder seguir viendo este espectáculo maravilloso y dantesco a la vez.
Mi amigo Claudio, observando el fenómeno, me acota: “Mira Beto..., parece un volcán en erupción...!!!”.
Empezamos a observar un poco mas de tráfico de camiones, tanto los que vienen desde San Juan, como los que van para allí viniendo desde San Luis.
24:10 hs. Pincho la rueda trasera. Paramos en un puentecito al lado de la ruta.
En el mismo momento, y estacionando Claudio su bicicleta a un costado para ayudarme, también descubre que acaba de pinchar su rueda delantera....!
El fantasma de las pinchaduras y las espinas de “Tala”, o lo que hubiera sido ahora, había aparecido de nuevo como queriendo arruinar una plácida y estratégica noche de pedaleo...
Hacemos, ahí mismo, nuestro “check list”, y vemos que de 5 cámaras, 3 “palmaron”, y nos restan 2 de repuesto todavía.
Nos acercábamos al final del tramo después de una larga pedaleada, y siendo las 02:47 hs. llegamos a un cartel que dice: “Santa Rosa 3 Kmts” (a la derecha). Solo vemos en ese desvío una calle de tierra arenosa y seca, blanca por la luz lunar.
Luego de este cruce, sobreviene una gran bajada, alegría y descanso para nuestras piernas....!
03:19 hs. Por fin...!, Llegamos al final de la ruta que nos traía: la 20, y alcanzamos el cruce con la 147 que va a las Quijadas. Estábamos muy cansados y con algo de sueño...realmente no nos daba “el cuero” para hacer los últimos 14 kilómetros hacia el sur hasta Hualtarán (como una opción que nos habíamos planteado, por si llegábamos enteros). Así que decidimos hacer esos últimos kilómetros para la mañana de ese día.
Entonces, resolvemos armar la carpita, a unos 200 metros hacia el lado de San Juan, donde vimos una especie de ranchito, y un refugio de parada aparentemente de colectivo, y algunos camiones estacionados.
Seguramente se trataba de una parada o posta de referencia de camiones en ese cruce. Nos habían comentado algo al respecto. El lugar se llama: “La Chañarienta”.
En el paraje "La Chañarienta"
Enseguida, y siempre con muy buena luz lunar, armamos nuestra carpita detrás del refugio. Una, por el viento, y otra, por si queríamos dormir un poquito mas. Estábamos al resguardo de la luz solar y el calor tempranero.
Atamos nuestras bicis (como buena costumbre porteña), bolsas de dormir y cosas de valor, adentro de la carpa...y a dormir....!. Eran las 04:00 hs. de la mañana.
Quines – La Chañarienta
Distancia recorrida: 136,24 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 8h 19’
Miércoles 20 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 4 (de 9): Hualtarán - Villa Gral. Roca
Nos levantamos, y al sacar de la carpa las alforjas, que supimos usar de almohadas, vimos en la parte trasera de una de ellas, una Vinchuca...
Cada vez que teníamos que emprender una nueva jornada, mejorábamos la repartija de carga en la parte posterior de nuestras bicis. En especial debajo de la red elástica del tipo “telaraña”(usadas mucho mas por los motociclistas), donde llevábamos cosas varias como: la carpa, las bolsas de dormir, la marmita, el calentadorcito, botellas de gaseosas, galletitas, una caja con barritas energizantes, etc, etc.
10:00 hs. Salíamos desde “Hualtarán”, y dejábamos el Parque Nacional Sierras de las Quijadas.
Nos despedíamos de nuestro anfitrión: el guarda parque Gustavo.
Ahora deberíamos seguir bajando unos 20 kilómetros hacia el sur, hasta la localidad de San Antonio, donde según nuestro mapa, figuraba una ruta que nos retornaría hacia el este nuevamente, empezando allí nuestro regreso.
Ruta 45, de tierra. De San Antonio a Gral. Roca
Se trataba de la ruta 45 no asfaltada. Mi miedo mayor era encontrarla con sectores arenosos (los llamados “guadales”), debido a la gran sequía reinante, que hacen intransitable el circular de una bicicleta. En estos tipos de terrenos las ruedas generalmente se “entierran” en la arena.
11:27 hs. Llegando a San Antonio, antes detectamos el cruce del camino de tierra que nos llevaría a Gral. Roca (fin de la etapa de ese día).
Hualtarán – San Antonio (al cruce de la ruta 147 con la 45)
Distancia recorrida: 21,59 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 1h 23’
Vemos un caserío, una gomería, y un sencillo almacén donde nos bajamos para preguntar el estado del camino.
La mujer que atiende el almacén nos dice que, a tan solo unos 20 kmts., tenemos una escuelita con un tanque australiano para poder refrescarnos, en un lugar llamado: “Buen Orden”. Así que ahí nomás, con rapidez, reanudamos camino, tratando de evitar el tramo con sol.
Tomamos esta vía y desde el vamos, digamos que le dimos “duro y parejo” en los tramos donde pudimos hacerlo.
En algunos sectores, como dije antes, debimos parar y caminar, dado que nos encontrábamos con arenales, o mejor dicho, “polvo” de tierra, en uno de los cuales recuerdo ver mi rueda delantera enterrada hasta el eje o la maza...!.
El tramo se caracterizó por: sol, sequía y polvo. En un paraje vimos a dos personas tratando de subir a su camioneta una vaca muerta por la sequía, y a los pocos metros ver a otra, arrodillada, todavía viva, pero agonizando....
Ver animales muertos a nuestro paso fue una constante
De pronto, nos apareció una escuelita y algunas casas lindantes. Supusimos, por el kilometraje hecho, que se trataba de “Buen Orden”. Sin dudarlo y por la hora, paramos de inmediato en ella. Pensamos ver a la maestra, o maestro, o al menos a algún niño. Pero no; pasados algunos minutos de las 13:00 hs. llegamos nosotros y las clases allí se daban hasta esa hora a 8 niños, como nos dijeron después.
Hualtarán – Buen Orden
Distancia recorrida: 43,16 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 2h 38’
Luego de preguntarle y hablar con un lugareño, nos atrevimos a entrar en las instalaciones de esta escuelita rural, para poder descansar y protegernos por unas horas del sol. Nos establecimos en un pasillo interno de la misma, donde había buena circulación de aire, dado que los extremos del mismo conectaban con el exterior. Pero a Dios gracias estábamos en la sombrita.
Nos descalzamos, y acercándonos al tanque australiano que estaba ubicado entre la escuelita y el camino de tierra, nos metimos de inmediato, viendo que era factible hacerlo, dado la calidad del agua y la poca profundidad.
Tanque “Australiano”, en la escuelita de “Buen Orden”
Disfrutamos ese chapuzón de maravillas, bajo un sol intenso, además de lavar y tender alguna prenda muy sucia, tal el caso de nuestras medias..
En seguida, en el pasillo, y sentados en un piso de baldosas, nos preparamos unos mates, escribimos nuestras respectivas bitácoras de viaje, y luego alcanzamos a dormitar un poco.
Luego se nos acercó un señor que vive con su madre (de 73 años), en una casita detrás de la escuelita. Se trataba de Carlos Godoy (nacido allí, en Buen Orden), al cual lo habíamos visto momentos antes estar trabajando con herramientas, arreglando los alambrados y corrales para los animales. Nos dijo trabajar para el dueño de ese sitio y animales, que vive en Santa Rosa del Tantanal.
18:10 hs. Salimos desde “Buen Orden”, rumbo a Gral. Roca, saludamos previamente a nuestro amigo ocasional.
A pocos kilómetros pasamos al lado de una tranquera, cuyo cartel señala a la estancia “El Paraíso”.
Esta ruta, la numero 45, de tierra, de lomadas, curvas y, en sectores, con arena o polvo debido a la gran sequía.
Pasamos por la “Estancia Nueva”.
Tramo caracteristico, calor y tierra, en los sectores no asfaltados
Llegando a Gral. Roca y casi ya oscurecido, le comento a Claudio lo siguiente: “Che...Claudio, por la hora y en situaciones como esta, uno debería rogar no pinchar, y rezar...”; Bueno, como “cosa e’ mandinga” hice 100 metros y pinché mi rueda trasera....!. Por supuesto, mi amigo, estaba entre incrédulo y con ganas de mandarme al carajo, por haber llamado yo mismo a la mala suerte.
Por mi parte, con la furia que tenía encima, y lo ya experimentado a estas alturas en cuestiones de sacar rueda, luego cubierta, y por último reemplazar cámara, me convirtieron en un veloz “robotito” cuan un mecánico de F1 que acostumbra en segundos un cambio completo de cubiertas en boxes.
Una rareza...!, una tranquera en la ruta misma...!!!!!???
Todavía con muy poca luz, proseguimos y a lo lejos debajo de una gran recta, se veían los primeros foquitos de una de las calles del pueblo de Gral. Roca.
Y como no podía faltar, y al igual que en otras oportunidades, arriba y en los cerros: Un incendio de aquellos, era el incendio nuestro de cada día...!
21:30 hs. A los pocos minutos estábamos allí. Todas las calles de Gral. Roca son de tierra con piedritas de montaña, del tipo ripio.
Por consejo de nuestro amigo Gustavo (de Hualtarán), preguntamos enseguida por una tal “Jueza”. Presumíamos que se trataría de alguna mujer del pueblo, quien tendría conocimiento de quien podría alojarnos, alquilarnos camas por una noche (ya que el pueblo no dispone de hospedaje u hotel).
Así, cuando dimos con ella en su domicilio, nos encargó vayamos a ver al concejal Carlos (no me acuerdo el apellido). Una vez con este, el mismo nos indica que lo sigamos (el iba en su auto), que nos llevaría al único sitio disponible y según él, mejor para pasar la noche.
Recorrimos hacia las afueras de Gral. Roca unos 1500 ms. hasta un camping con pileta (antigua planta potabilizadora de agua).
A todo esto, entre tantos “vericuetos”, cuando estuvimos en el centro de G.R., al pasar por un almacencito, tuvimos tiempo (ya estaban cerrando) para comprar: queso y dulce de batata, mas alguna fruta y gaseosa.
Así que, luego en el camping, y antes de armar la carpa, nos dimos espacio para cenar arriba de una explanada de cemento, al lado de un tanque que, al parecer, contenía cloro.
Por último armamos nuestra carpita, para poder conseguir un sueño reparador que nos permita estar “pilas” al otro día.
Hualtarán – Gral. Roca
Distancia recorrida: 75,75 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 5h 28’
Jueves 21 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 5 (de 9): Villa Gral. Roca - San Francisco del Monte de Oro
Por la mañana, apenas levantados de dormir, además de tomar unos “matiezos”, como para no perder la costumbre, me puse a emparchar una cámara (la del día anterior, que había pinchado llegando a G.R.).
Lugar en donde armamos nuestra carpita en el camping de Gral Roca
Posteriormente, y una vez habiendo empacado y ordenado nuestras máquinas, fuimos nuevamente al pueblo para lograr sellar nuestro “mapa pergamino”, y poder además conversar por teléfono con nuestras familias.
Llegamos al municipio, nos sellaron, y ahí mismo también logramos hablar por teléfono.
Esa mañana, increíblemente, fue la mas fresca del raid, a tal punto que no dudamos en usar por primera vez el buzo.
A la salida del pueblo un cartel dice: “San Francisco del Monte de Oro, 56 kmts.”
Tomamos por una ruta muy recta, de unos 10 kmts. (ahora siempre hacia el Este, dado que regresábamos).
Nos dirigíamos en este momento hacia las “Sierras de San Luis”, también llamadas “Sierras Centrales”, a las cuales, y circulando por la recta a que hacía referencia, ya las podíamos ver a simple vista.
10:05 hs. Llegábamos a la ruta 146 (la cual cruzamos), e hicimos un alto en una parada-refugio de colectivo, dado que era la única sombra en el sitio. Aprovechamos, además, e inflamos nuestras ruedas, puesto que cada tanto queríamos rodar cómodos, ágiles, y ligeros. Máxime cuando nos tocaba por asfalto.
En este cruce de ruta, hay un cartel que dice: S.F.M. Oro 43, V.Dolores 145, Salsacate 252.
Retomamos por la ruta 146, hacia el Norte, rumbo a S.F.M.Oro, la cual bordea a las sierras, pero no se mete en ellas.
11:25 hs. Habiendo hecho desde nuestra salida de G.R. unos 27,9 kmts., paramos a descansar en otra parada-refugio para colectivos.
12:00 hs. (a 31,25 kmts. de G.R.) Cruzamos por un Puente, sobre el cauce de un río seco. Se trataba del “Río Socoscora”. Le sacamos una foto.
El río Socoscora..... seco
12:17 hs. Agarrando por el viejo camino de tierra, llegamos a “Puerta de la Quebrada”, donde hay un simple caserío. El lugar ya está enmarcado entre pequeños cerritos.
Aunque la flora y vegetación ahora se ve cada vez mas tupida, a medida que nos vamos acercando a S.F.M.O., el camino de ripio, cada tanto, nos obliga a bajarnos de nuestras bicis, a causa de lo arenoso del mismo en algunos sectores. Unos 5 kmts. antes, pedimos a una Sra. nos llene nuestras caramañolas con agua. Empezaba a hacer calor.
Llegando al pueblo, y en su acceso, nos acercamos a lo que es la oficina de turismo. Las chicas que trabajaban allí, ya habían cumplido su turno. No obstante esto, nos atendió un muchacho que trabaja filmando y haciendo documentales para el canal local de S.F.M.O..
Entrando a “San Francisco del Monte de Oro”
Después de recomendarnos el hotel “Martín”, como muy bueno y económico, nos preguntó si no tendríamos problema que, luego y por la noche, nos visiten en el hotel donde paramos un camarógrafo y un periodista, para hacernos una nota o reportaje; ya que le interesó mucho nuestro raid ciclístico por el norte Sanluiseño, y nuestro paso por su pueblo. Le contestamos que no tendríamos inconveniente, y que además estaríamos orgullosos de ello.
Dejamos nuestras bicis y carga en la habitación del hotel y, vestidos de ciclistas, cruzamos la calle y fuimos a almorzar al restaurante de enfrente, antes de que cierre (eran las 14:20 hs.).
Claudio comió una milanesa napolitana con papas fritas, mientras que yo pedí pollo con ensalada.
Luego, el hecho de ser uno de los días en que la etapa había sido corta en kilómetros, y el haber llegado temprano, nos dio tiempo y tranquilidad para poder darnos un buen baño en la ducha, y luego dormir una pequeña siesta.
Por la tardecita/noche, vestidos “de civil”, caminamos un poco por las callecitas de S.F.M.O. Hablamos por teléfono, mandamos e-mails, tomamos helado, compramos nuestro alimento, y fuimos a cenar en nuestra habitación, mientras mirábamos algo de televisión.
A nuestra llegada al hotel, y tal como nos habían dicho, estaban esperándonos tres personas del canal de T.V. local.
Así que, de inmediato, nos hicieron la nota/reportaje en la mesa de recepción del hotel “Martín”.
Gral. Roca – San Francisco del Monte de Oro
Distancia recorrida: 52,63 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 3h 46’
Viernes 22 de Noviembre de 2002 ir arriba↑
Etapa 6 (de 9): San Francisco del Monte de Oro - La Carolina
Nos levantamos a eso de las 07:00 hs. Y una vez preparadas nuestras cosas, fuimos primero a la oficina de turismo en donde los muchachos de la T.V. local, la noche anterior, y después de hacernos el reportaje, creyeron conveniente filmarnos con nuestras bicis en el momento exacto en que dejábamos S.F.M.O.
Llegado al lugar nos presentaron al intendente, el Sr. Hugo Alcaraz, el cual se mostró muy atento y entusiasmado con nosotros y nuestro ya famoso periplo en bici.
Nos despedimos de todos, y nos van filmando a medida que pedaleamos lentamente dejando el lugar.
La etapa de hoy consistía en unir San Francisco del Monte de Oro con La Carolina. Sabíamos que era difícil, ya que a pocos kilómetros de salir de S.F.M.O., deberíamos superar el cerro “El Amago”, de considerable altura, previamente haber ascendido por un zig-zag conformando el clásico “caracol” de montaña.
Por supuesto, no queríamos irnos del lugar sin antes conocer y visitar la primera escuelita que funda D.F. Sarmiento en nuestra patria. Lo había hecho allí en San Francisco del Monte de Oro.
Así que, sabiendo que nos quedaba de pasada a nuestra salida del pueblo, hacia allí enfilamos.
Mirando al Sur, próxima a un barrio llamado “Las Chacras”, se hallaba la escuelita.
Al llegar a ella, descubrimos que se trata de una edificación de paredes de adobe prolijamente pintada de cal, con techo de palos y paja, algo deteriorados que denotan el paso del tiempo.
A su vez, protegida de la intemperie para su conservación, por una gran losa de hormigón.
Rodeada en sus 360° de abundante vegetación y sombra, lo que convierte al lugar en algo realmente mágico y acogedor.
La escuelita además, está “impregnada”, en parte de su fachada, por innumerables placas de bronce, vaya uno a saber de cuántos actos y conmemoraciones, de intendentes, gobernadores, y hasta presidentes de la nación.
Incluso hay como una especie de “apartado” para poder exhibir y leer una innumerable cantidad de placas mas, todas ellas sobre mármoles gigantes, en un sendero sobre el césped del lugar.
Una señora, encargada al parecer del cuidado y limpieza del lugar, nos permite entrar, abriéndonos la puerta del cerco de rejas que circunda la escuelita. Eso nos permite a Claudio y a mí, poder acercarnos muchísimo más.
Tomamos algunas fotos y filmamos.
Charlamos con la encargada un poquito mas, y nos comenta que el lugar es digno de ver y escuchar cuando, atestado de alumnos, maestros y autoridades, comienzan a entonar las primeras estrofas de nuestro himno. Micros y escuelas se dan cita aquí todos los años en el día conmemorativo del Maestro.
Nos despedimos, como siempre, y siendo las 09:30 hs. salimos de S.F.M.O.
A la salida, y por pocos kilómetros, debemos tomar por un camino nuevo no convencional, dado que el original está negado momentáneamente, debido a la construcción de un dique que proveerá agua para riego a esta región.
La salida de este pueblo es una de las más bonitas que nos había tocado hasta el momento. Unos 10 kilómetros, aproximadamente, de camino cómodo con lomadas, ríos, badenes, y los cerros...aproximándose mas a nosotros.
Dejando a “San Francisco del Monte de Oro”
11:05 hs. Un cartel nos dice que estamos en “Cuesta Larga”.
Está nublado y muy fresco, y seguimos con los buzos puestos.
Ya habíamos empezado a subir, y veíamos poco a poco como iba quedando cada vez mas abajo y más lejos S.F.M.O. Se pueden apreciar mejor algunas quebraditas, tales como una que tenemos a nuestra izquierda, la cual alberga a su famoso “Salto Escondido” (aunque no lo vemos, sabemos de la existencia allí de una caída de agua de mediana altura, un símil al “Chorro San Ignacio” de Villa Larca).
12:15 hs. (a 14 kmts. y a 1h 54’ de nuestra partida) Llegamos al pie del “caracol” o “zig-zag”, para empezar a trepar y superar al cerro “El Amago”.
Beto, cruzando un baden, antes de empezar a subir el cerro “El Amago”
Por supuesto, nos bajábamos de nuestras bicis y “pateábamos” en las pendientes bravas (casi siempre en el codo de cada caracol, dado que allí se da la ganancia de altura e inclinación).
Muchas veces bajábamos en alguna cuesta, no porque no podamos pedalearla, de hecho la mayoría de las veces se puede hacer. Si no, para “preservar” nuestro grupo de transmisión, como cambios y demás. Se sabe el tremendo esfuerzo a la tracción que se ejerce solo en la cadena, ampliando así las posibilidades de estirarla aun más o simplemente cortarla.
Tal es así que, con Claudio, ya lo habíamos hablado previamente el cuidar nuestras máquinas hasta el mínimo detalle. No queríamos nos pase, que por hacernos los “Ironman” en tan solo 100 mts. de una pendiente, rompamos todo o algo, pudiéndolo haber evitado.
Entonces en estos casos puntuales (que no eran muchos), optábamos por: bajarnos, caminar, y charlar tranquilamente para poder disfrutar del paisaje como se debe, con nuestras máquinas bien.
Ascendiendo en nuestras “bikes”, y otras veces haciendo “trekk”, hemos visto en mas de una oportunidad varios cóndores “revolotear” arriba de nuestras cabezas.
abras en el camino, de fondo el cerro “El Amago”, saliendo de S.F. Monte de Oro
14:30 hs. Llegamos al “Top” del cerro “El Amago”. En la cúspide del mismo, se observan algunas antenas y repetidoras de transmisión.
No solo esto, también me sorprende la excelente vista: no solo del pueblo de San Francisco del Monte de Oro, al cual dejábamos cada vez más chiquito allá abajo y hacia el Norte,. sino también, ya desde aquí, desde “El Amago”, podíamos divisar a simple vista, pero hacia el Sur, del cerro “Tomolasta” (también con sus ya famosas antenas), el gran centinela del pueblo de “La Carolina”. Hacia allí nos dirigíamos, y pararíamos a pasar la noche.
Siguiendo con nuestra observación, Claudio advierte algo y me hace referencia señalando, allá y mucho mas al Norte, se ve como un gran “manchón brillante”. Cualquier opinión ligera podría decir que es un lago, o algo por el estilo. Pero Claudio y yo sabemos bien, con mapa de por medio, que allí no hay ningún lago ni agua. Se trata, ni más ni menos, de la gran extensión de “Pampa de las Salinas”, ubicada esta al Norte de la ruta 20 (la que supimos agarrar para dirigirnos a “Sierras de las Quijadas”).
En el horizonte se adivina mucha bruma. El cielo que habíamos tenido bastante nublado desde la mañana, empieza a despejarse y, por consiguiente, el sol comienza a “apretar”.
Ya superado el top, comenzamos a transitar por algo de meseta, y algunas cuestas hacia abajo.
15:50 hs. Cruzamos “Río Claro”.
Ahora todo se hace más chato. Las piedras, o grupo de ellas, son de poca altura, y más redondeadas.
Asoman a nuestra vista suaves y alucinantes colinas. Se ve como nuestro camino a transitar las atraviesa, y de fondo: el “Tomolasta” y el grupo de montañas que acompaña a “La Carolina” e “Intihuasi”.
Las praderas, ahora tienen vacas, a las que se ve gordas. Los ríos y rías aquí son de no mucho agua, pero abundantes. Formando cañadoncitos, entre badenes y puentes.
Llegando a “La Carolina”, el paisaje cambia, ahora se ven vacas gordas y todo mas verde
16:00 hs. Cruzamos el “Río Turbio”.
Kilómetros antes, atravesando el paradisíaco lugar de “Pampa de las Invernadas”, ¿qué me pudo haber pasado....??
¿qué me pudo haber pasado ?....Siiiiii!, Bingo....!, pinché mi rueda trasera.....!.
Solucionado el problema, a las 17:13 hs. llegábamos a “La Carolina”.
Directamente fuimos a lo de Lita Cuello y su hermana Adela, a quienes casi siempre vacacionando en “La Carolina” sabemos alquilarle las habitaciones para dormir (8$ c/uno).
Las saludamos y expresamos nuestra alegría de encontrarnos nuevamente.
Le propongo a Claudio hacer unos 200 metros mas, para ir a saludar a los muchachos de turismo minero que hacen las visitas guiadas a la mina, en las entrañas del cerro “Tomolasta”.
Al llegar al campamento base que tienen los muchachos a los pies del cerro “Tomolasta”, enseguida sale a nuestro encuentro, para saludarnos, un viejo conocido. Se trataba de Pablo Jolivot (a quien supe ver en la exposición de la FIT en la rural de Palermo este año, promocionando lugares como este “La Carolina”, en el stand de la provincia de San Luis).
Aquí en “La Carolina”, como se sabe, en otrora los ingleses supieron extraer oro.
De regreso a nuestra anfitriona de ese día, Doña Lita, tomamos todos juntos una cervecita rebajada con naranja, en su mesita del jardín, conversando y contándole sobre nuestra vuelta por el norte puntano.
Aprovechamos lo temprano del horario, para bañarnos, escribir en el cuaderno de bitácora, y cambiarnos de ropa. Para luego salir a caminar por ese fascinante pueblo. Recorrimos sus lomadas y vimos los terrenos disponibles para la venta frente al gran cerro centinela.
También fuimos al almacencito “Tomolasta”, y, por las dudas, compramos una planchita de parches, mas un pomito de “solución”.
De inmediato, al llegar a la pieza, reparamos la única cámara que teníamos en “stand by”.
Llegada la hora de cenar, nos decidimos ir al primer y casi único casi del que dispone “La Carolina” para comer algún plato caliente. Se trataba de “La casa de Omar”.
Allí Claudio se pidió un plato de chivito (10$), y yo una pizza grande (5$), mas gaseosa como bebida.
Caminando de regreso, podemos ver alguna luz en la comisaría, pasamos por el frente de la escuela, cruzamos el badén por arriba de su puentecito de hierro verde, y, agarrando la única calle principal de ripio, vamos observando un cielo increíble de estrellas, nebulosas, y alguna estrella fugaz cada tanto.
“La Carolina”, desde siempre ejerció un poder de atracción fenomenal hacia quien escribe. Aquel que ha tenido la suerte de venir a este maravilloso lugar, y lo sabe observar puede seguramente experimentar lo mismo.
Había ahora que descansar. En pocos días mas el periplo estaba por terminar.
San Francisco del Monte de Oro – La Carolina
Distancia recorrida: 37,81 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 5h 05’
Sábado 23 de Noviembre de 2002
Etapa 7 (de 9): La Carolina - Intihuasi - Las Chacras
Nos levantamos en “La Carolina” ese día Sábado, a las 08:00 hs.. A todo esto, nuestra anfitriona, Doña Lita, se había levantado un poco antes, para que (fue su palabra el día anterior) no nos vayamos de su casa sin antes probar tortas fritas preparadas por ella, con unos buenos mates. Así fue como, otra vez en su jardín, desayunamos junto a ella y a su hermana, en una mañana que nos estaba esbozando un día radiante de sol, en este noviembre del 2002.
Despidiéndonos de ellas, y dándole las gracias como siempre, Claudio me pide volver al puesto de los muchachos mineros, para comprar allí, algunos presentes para su esposa e hija. Quería al menos llevar algún obsequio hecho en piedra trabajada de onix, o granito (esta provincia es rica en piedras, lajas y mármoles de todo tipo).
En esta oportunidad, nos atendió una chica llamada Carmen. Luego nos despedimos de ella comentándole que la etapa de hoy sería hasta Las Chacras.
Le pedimos que transmita nuestro saludo a “los dos Pablos”, Jovinot y Milone, a quienes, como dije, conozco desde hace algunos años.
10:34 hs. Vamos saliendo de “La Carolina” por su calle principal despacito, ya que, con una mano manejo, y con la derecha voy filmando.
El día se encuentra despejado y con mucho sol. A 11 kmts., un cartel reza: Estancia “El Triángulo” 30, Rancho Suizo 50 y Las Chacras 53.
El camino a la salida de “La Carolina”es siempre, y desde que lo conocí, espectacular para transitarlo en bici. El paisaje es simplemente bello, el asfalto es excelente, el relieve es de esos que te “dan” y luego “te aflojan”, y lo digo por sus lomadas...
Dejabamos detrás a “La Carolina”, en la sierras Centrales de San Luis
12:19 hs. Llegamos a “Intihuasi”, al único lugar para poder hacer un alto, llamado: “Nido de Águilas”. Años atrás también supimos parar allí, cuando hicimos el recorrido del “circuito del oro”. Hasta donde recuerdo, estaba atendido por sus dueños Héctor y Erica (Un matrimonio que dejó la gran urbe de Bs.As., en Flores, para venir a este sitio que, según me habían contado, los “atrapó”).
Al llegar salen dos niños varones del matrimonio, y luego Erica, la que pareció no recordarme.
Le pedimos permiso para poder sentarnos dentro, en alguna mesita de plástico que ellos disponen para servir comida a los ocasionales turistas que suelen pasar por allí. Mientras tanto, nos pedimos con Claudio una gaseosa Naranja muy fresca, descansamos, escribimos en nuestra bitácora de viaje algunos datos, y esperábamos a que baje un poco el sol.
Uno de los chicos de Erica, se acerca y nos comenta que a eso de las 16:00 hs. ellos iban a ir a ver cuadreras a 2 kilómetros de allí (las mismas se realizarían justo en el cruce de la ruta que va a Intihuasi con la ruta 41, por esos días recién estrenado su asfalto). Los lugareños se daban cita para competir entre sí con sus caballos, en el mismo obrador de la empresa “Tabolango”, que había realizado el asfalto a que hago referencia.
Con Claudio, vemos la oportunidad de acercarnos y conocer temprano la gruta de Intihuasi (1500 metros mas adelante), así que saludamos y partimos hacia la famosa cueva.
16:19 hs. Llegamos a la gruta de “Intihuasi”.
La Carolina – Gruta de “Intihuasi”
Distancia recorrida: 20,97 kmts.
Tiempo de Pedaleo: 1h 38’
Como se sabe, el nombre “Intihuasi” proviene de una voz quechua que significa “Casa del Sol”. La gruta está ubicada en el cerro del mismo nombre, de 1710 m.s.n.m.
Es, a simple vista, una caverna o cueva gigante, que 8000 años atrás fue habitada por grupos indígenas nómades, los cuales se trasladaban según las estaciones del año, desde las sierras al valle, para conseguir la comida.
En su interior dejaron su impronta, pero actualmente es imposible ver a simple vista los dibujos, debido a varios procesos erosivos dentro de la cueva.
Con Claudio recorrimos todo su interior, e inclusive sacamos algunas fotos.
Debido al “rechinar” de nuestros ejes, pedales y cadenas, aprovechamos la visita de un lugareño con su vehículo en la gruta, y le pedimos un poco de aceite, para ponerle aunque sea algunas gotas del mismo a las partes mas resecas, cosa que así fue.
16:35 hs. Salimos desde la gruta de “Intihuasi”.
16:46 hs. Llegamos al cruce de esa, la ruta 10, con la reciente asfaltada ruta 41. Podemos ver allí mismo, en el Obrador Cantera “Tabolango”, una gran cantidad de vehículos en la ruta, y dentro del mismo, la gente se estaba dando cita, poco a poco, para participar, apostar, o tan solo ver las famosas carreras de las “cuadreras”.
Le comento a Claudio la importancia que se le da aquí a este tipo de eventos, que acontece una o dos veces al año. Es entonces cuando la gente, que no se ve en todo ese tiempo, aprovecha la ocasión para lucir su mejor ropa y conocerse, haciendo gala, además, de lo limpio y equipado de su caballito.
A medida que avanzábamos con Claudio, somos testigo de ello. Cruzándonos cada tanto alguna camioneta llevando gente atrás en su caja, o viendo como, de golpe y en fila india, aparecen de entre alguna quebradita de algún cerro una niña muy bien vestida a caballo, detrás su padre, y más rezagada su mujer.
Nos miran con cara “rara” (será por el aparataje, entre cascos, anteojos, ropa de ciclista y alforjas en nuestras bicis, tal vez), pero pasando luego al lado de toda esta buena gente, el gesto siempre es el mismo: Un sincero saludo, del gaucho o paisano, sacándose su sombrero y poniéndolo como de “copa”. A todos saludamos respetuosamente..
Si bien este paisaje es muy atractivo, la gente de aquí vive en una gran soledad durante mucho tiempo, pues aquí los inviernos son muy duros. Muchos de ellos viven, o bien lejos, en el medio del Valle, o bien en lo alto de un cerro. La ocasión es perfecta para los lugareños.
Vamos pasando y superando el obrador, sin sacar mirada de lo que está sucediendo en su interior. Vemos a una paisanita en el ingreso, cobrando lo que sería la entrada, sonriendo constantemente. Atrás, y más abajo, lo que parece ser un improvisado despacho o “boliche” de bebidas de todo tipo, está atestado de gente...
Otros, arriba de sus vehículos a la sombra. Y lo más lindo fue ver una recta larga, muy larga, solitaria y paralela a nuestra ruta. Seguramente, minutos mas tarde, sería la cancha donde correrían los gauchos arriba de sus caballos.
A medida que nos alejábamos del cruce y del obrador, el asfalto nuevo nos daba una sensación de alivio. Según los mapas, veníamos creídos que estaba todavía de ripio.
La cinta asfáltica empieza a serpentear, y no hay tantas lomadas, aunque predomina la bajada a partir de “Intihuasi” hasta “Las Chacras”. Praderas ricas en verde (porque están cultivadas), alamedas, mucho ganado vacuno, algunos ríos con sus cañadones y sus badenes siempre con agua sobre la ruta, etc, etc.
Hacemos kilómetros, y hacemos kilómetros, pero el contorno de sombra de los cerritos que dejamos en “Intihuasi”, e incluso “La Carolina”, parecen estar siempre con nosotros. A veces los tenemos atrás, luego a la izquierda, o a la derecha.
Ya con el sol algo bajo, a Claudio y a mí nos queda en nuestras retinas una imagen, llámese panorámica, llámese postal, de esos paisajes o lugares de ensueño que solamente uno ve en películas (trucadas), o simplemente se la puede imaginar uno en un sueño.
En lo alto, al haber superado una cuestita, en el top de una lomada, asomábamos con nuestras bicis a un vallecito, con una escuelita allá debajo, blanca y solita, la misma estaba ubicada entre ambas colinas, lisas, llanas y verdes. Una atacaba por la derecha, la otra por la izquierda, y el camino asfaltado por donde íbamos, se perdía delante de nosotros. Por allá, y delante de la misma escuela, parecía aparecer de nuevo, luego desaparecía nuevamente, y por último, y allá a lo alto, aparecía por vez final, haciendo cumbre junto a la cima de una colinita solitaria.