RUTAS ORIENTALES por Pablo Pereyra

Pablo Pereyra es corredor del equipo Infobiker - Si deseas hacerle alguna consulta su mail es: pablo_primo@hotmail.com 

RUTAS ORIENTALES

 Se acerca el calor, y el asfalto de la panamericana, el acceso oeste y la ruta 2 se ponen cada cual cada vez más gomoso, como si de una competencia  se tratara. La cabeza hierve dentro del casco, y las gafas oscuras nos hacen ver como si estuviésemos en el mismísimo infierno, uno, ya sale mareado desde él kilómetro 0, cantando cancioncitas del tipo: “carretera pestosa” con letra y música del que aquí escribe, “amanece en la ruta” de Suéter, o “en la carretera” de Julio Iglesias.

Es en esos momentos cuando uno comienza a soñar con carreteras que bordean playas soleadas y palmeras que nos dan una agradable sombra que acompaña nuestras pedaleadas, con una suave brisa que nos impulsa hacia el naciente, olas, y chicas que en vez de admirar embelesadas a los surfistas, aplauden cada una de nuestras pedaleadas.

Y uno suspira, mientras se pone las calzas y su jersey a la vez que reza una plegaria al patrono de los caminos, para que oh tu, conductor asesino, perdón, argentino, no decidas tirarnos tu auto encima mientras tu claxon suena con fervor como si el mismo nos dijera mediante terrible bocinazo: ¡ea, tu! ¡Vehículo sin motor, salga de mi paso, que esta ancha carretera ha sido construida solo para mi y los de mi estirpe! ¡ Ve tú si quieres a pedalear a reductos ínfimos y cerrados, no importa que para completar 120km termines al borde de la demencia! ¡ Estos son mis dominios y nadie los usurpara! Y uno suspira, tiembla, recuerda improperios recibidos, recuerda compañeros violentados en la carretera, se termina de calzar los guantes, apura el whisky para envalentonarse, y sale a la calle, a disfrutar de este precioso deporte en un ámbito tan hostil, mientras suspira y se dice a sí mismo: “ese mundo tan precioso que yo soñé, no existe, esta solo en mi imaginación”.

Pero...

¿Y si ese mundo existiese?

¿Y si de verdad hubiese una tierra donde los ciclistas fuesen tratados como... seres humanos?

¿Qué me dices?

Irías sin pensarlo, ¿verdad?

Pues oye bien, esto que te voy a decir no es una ilusión:

¡ESE MUNDO EXISTE!

¡Y ESTA AL OTRO LADO DE LA ESQUINA!, MAS BIEN, CRUZANDO EL CHARCO

La República Oriental del URUGUAY


DE COLONIA A MONTEVIDEO con la Vuelta Ciclista al Uruguay

Colonia del Sacramento

Breve reseña acerca  de la ciudad de Colonia

Esta ciudad declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad y fundada en 1680 por Manuel de Lobo fue concebida originalmente para competir con el comercio, fundamentalmente de pieles y esclavos de Buenos Aires, hoy silenciosa, se erige como uno de los refugios culturales y naturales de la región, atrayendo inversores, y por que no pensarla como competidora de Buenos Aires como receptora de ciclistas y cicloturistas deseosos de disfrutar, de un entorno hospitalario, y de un país que nos ofrece respeto a cambio solo de lo mismo, respeto para su modo de vida y  su medio ambiente.

Es esta sin lugar a dudas la punta de lanza oriental para el pedalista  argentino, con un acceso rápido y confortable mediante el ferry que por si solo vale la pena para realizar el viaje.

 Recorriendo Colonia

Es Colonia sin dudas una ciudad digna de ser conocida, aquí podrá el lector comenzar a saborearla. Su circuito turístico y el que no siempre nos ofrecen pero también es dable conocer, donde comer, donde alojarnos.

He pasado yo muchas veces por su puerto, mas fue con motivo de la cobertura periodística de la Vuelta Ciclista al Uruguay (Ver), que hicimos para Infobiker con Alejandro Morassutti, que la descubrí. Colonia ofrece sin lugar a dudas innumerables posibilidades para recorrerla, desde el clásico circuito histórico , cerca del puerto, en la parte alta de la ciudad donde hoy en día se encuentra la gran mayoría de la oferta gastronómica destinada al turista, con precios acordes a lo que se espera que este pague.

Con callecitas angostas siempre en constante desnivel con un empedrado tortuoso pero sin lugar a dudas atractivo, casas de techos bajos y ladrillos de adobe.

Pero para quien desee disfrutar del verdadero sabor de colonia, del contacto con su gente, de quienes la habitan cotidianamente mas allá de quien busca atraer al paseante, una vez que haya dado la recorrida de rigor al centro histórico, debe alejarse de él  y buscar la avenida Gral. Flores donde se encuentran muchos de los clubes sociales de colonia, como el Club Cosmopolita, donde podrán disfrutar de una deliciosa cerveza en su patio con vista a la calle, y participar del típico saludo entre los parroquianos, y ver a los grupos de jóvenes que se aprestan a ir al baile.

También podrán disfrutar de deliciosos frankfruters con queso derretido, panceta o deliciosas salsas y aderezos que lo transformaran a usted en él más mitológico de los dragones, la salsa especial no es recomendable para quienes viajen acompañados de sus novias!!!

Colonia también posee Casino y salas de juego donde el ciclista podrá arriesgar el dinero para el regreso con la esperanza de comprar un nuevo grupo XTR. El dinero necesario para apostar, no es mucho y tampoco se exige una excesiva formalidad para ingresar al recinto.

Colonia posee una hermosa y tranquila rambla costanera. Nace desde las cercanías del centro mismo de la ciudad y tras una suave pero prolongada pendiente, desciende durante unos 200 metros rumbo al Real de San Carlos, donde se encuentra la antigua Plaza de Toros, y bordea varios de los balnearios colonienses durante 5 kilómetros, en un recorrido que por un lado nos obsequia con la vista de preciosas casas y por la otra orilla lo invita constantemente a uno a meterse a las  aguas del Río de la Plata.

El camping se ubica al final de esta avenida, a 4Km del centro de Colonia, en el barrio Real de San Carlos. Es  limpio y prolijo, con una amplia arboleda, cabañas para alquilar a $20 la noche, la parcela para la carpa cuesta $4 y $2 mas por persona, tiene una completa proveeduría y un quincho con lugar donde comer, y el baño es un limpio como un quirófano con deliciosa agua caliente donde relajarse tras una ardua jornada de pedaleo.

Poco menos  de un kilómetro mas allá del camping, por la avenida Costanera, se llega a la Plaza de Toros, que comenzó a funcionar en 1910, con toreros traídos desde España, un bello monumento histórico donde sacar las fotos de rigor y prepararse para lo que se vino a hacer.


De Colonia a Tarariras

El área cercana a Colonia nos ofrece una amplia variedad de caminos a seguir para disfrutar de sus tranquilas rutas, nosotros comenzamos nuestro periplo por el puerto de yates de Riachuelo, y continuamos luego adentrándonos en la Colonia rural, llegando a Tarariras.

La Vuelta no llegaba a Colonia hasta el día siguiente de nuestra llegada, así que nos dispusimos a recorrer las zonas aledañas a Colonia.

De Colonia partimos rumbo a Riachuelo, que se encuentra a solo 10km. de Colonia, siguiendo por la ruta 1, que si bien no posee una amplia banquina no es una ruta peligrosa, si se circula de uno en fondo, no hay por que temer accidente alguno.

Riachuelo es mas un puerto de yates que otra cosa, se disfruta de un ambiente familiar y de un entorno paisajístico muy agradable, con árboles bajos y algunos cortos senderos que nos recordaran al circuito de Ezeiza.

Es este de repente un circuito apropiado para quienes se acercan a Colonia sin un gran entrenamiento o tan solo desean disfrutar de la bicicleta sin y del paisaje sin imponerse grandes retos.

Nosotros, sin embargo, ya habíamos probado las bondades de  las rutas uruguayas en las cuales no vamos aquí a mentirles y decirles que se encontraban desiertas, pero el respeto se sentía desde los autobuses de buquebus, que de cualquier forma parten únicamente cuando llegan los barcos, hasta el de los automovilistas. Ha quedado lejos los tiempos de las famosas cachilas, y hoy en día Uruguay cuenta con un moderno parque automotor, pero a diferencia de en otras latitudes, el automovilista aquí no corre, y no diré que se trata únicamente de respeto al ciclista, pues parece ser que el conductor uruguayo circula así de ordinario, simplemente uno va por la ruta y se cruza con autos que difícilmente estén marchando a mas de 80km/h. Si por supuesto, hay que tener cuidado con los conductores argentinos, que ciertamente son los que salen del barco y desean teletransportarse hacia solo Dios sabe donde, pero es una racha que dura solo unos minutos, es lo bueno de la velocidad.

Nos encontrábamos entonces mas que ansiosos por saborear mas de esas preciosas carreteras llenas de suaves toboganes y con árboles que nos proporcionaban su generosa sombra, así que tomamos un camino secundario pavimentado, la ruta 50 y pusimos proa a Tarariras.

Son solo 20kms mas de camino, y si el estado anterior de la ruta era bueno, este era pues paradisíaco, nos cruzamos en nuestro andar tan solo con un autobús comarcal y alguna camioneta, y el camino discurre en suave pendiente rodeado de un  paisaje netamente rural, lleno de curvas que lo alejan a uno de la monotonía de las continuas líneas rectas de Buenos Aires.

Tarariras es pues un pueblo de productores agrícolas, muy tranquilo. Es cierto que estas poblaciones no poseen la espectacularidad de otros paisajes, pero nos transmiten tranquilidad, y eso es importante. Además es imprescindible visitar la pulpería del lugar, sea cual sea el pueblo que se visite, en la de Tarariras por ejemplo nos encontramos con un grupo de recios parroquianos que se interesaron ampliamente por nuestras humildes gestas y con los cuales conversamos acerca de los acontecimientos de la Vuelta resultando ellos verdaderos entendidos, y no hablamos de gente que es aficionada a salir a pedalear, simples hombres de campo, que seguían la Vuelta por la radio todas las mañanas y cuando la carrera los había honrado con su paso por el pueblo, todos y cada uno de ellos salieron a saludar el paso de los ciclistas.


La Vuelta Ciclista en Colonia

Es aquí donde se aprecia además de la emoción y el colorido, los intereses comerciales y turísticos que mueve una Gran Vuelta.

Ya la noche anterior en Colonia se sentía que estaba por llegar la Vuelta, había llegado  la avanzada con las vallas y el escenario para la entrega de premios y los palcos.

Esa misma mañana estaba la calle principal de la ciudad, frente a la intendencia cerrada al transito y unas horas antes de que llegara la carrera propiamente dicha ya se encontraban los móviles de las radios que transmitían la carrera en el punto de la meta junto a los principales sponsors transformando a la ciudad toda en un alegre tumulto lleno de color y con olor a ciclismo.

Más de media hora antes de que la carrera llegase a la meta, muchos de los vecinos de la ciudad estaban buscando las mejores ubicaciones cerca de la meta para aplaudir a la serpiente multicolor que se acercaba rauda, las radios de los espectadores y de la Radio Vuelta que se confundían en los oídos de todos, las típicas publicidades de la vuelta “Naipes Tatú”, “mejor mejora Mejoral y Mejoral mejoró”, “todos pero todos los repuestos en Angres, Cerro Largo 1230”, la cerveza Pilsen y un sinnúmero de auspiciantes mas se disputaban el privilegio de estar presentes en un evento tan importante.

Tras el paso de una extensa caravana publicitaria con pastas de dientes gigantes y reinas de la belleza incluidas, se acerco a velocidades de vértigo el primer grupo de elegidos a Daniel Mosler, Hernán Cline, ambos argentinos representando a equipos uruguayos, los Federico, Moreira y Morales, y un nutrido grupo de sprinters. Tomaron la ultima curva, que por cierto estaba lejos de estar en condiciones optimas de pavimentado, a una velocidad a la cual una persona en sus cabales difícilmente se atrevería o podría rodar y se lanzaron a la línea de meta donde Hernán Cline, del Nacional F.C., finalmente se consagraría como ganador de la etapa inscribiendo su nombre en el palmares de la Vuelta.

El público aplaudió con fervor desde el primero hasta al último de los ciclistas. Y si, en la curva algún despiste hubo pero nada que pasara a mayores.

La Caravana concluía su etapa pero el ambiente a fiesta continuó durante toda la tarde, y tras el almuerzo nos cruzamos con varios de los corredores que salían a aflojar las piernas. En cuanto a nosotros, debíamos guardar fuerzas, ya que al día siguiente también teníamos una larga etapa para cubrir sobre nuestras máquinas.


De Colonia a Montevideo

Un Hundred Mille Day es siempre un desafío importante, pero realizarlo en este entorno nos hace olvidar hasta del paso de los kilómetros. Al menos en nuestra cabeza, pues nuestras piernas notarán las cien millas.

Como mis padres son uruguayos y desde pequeño he viajado de manera constante a Montevideo donde esta toda mi familia, siempre he cubierto la ruta Colonia- Montevideo en los micros o en auto tras bajar del barco, y supongo que al ir haciendo mis primeras armas como ciclista, he ido forjando el deseo de realizarla algún día pedaleando, debe ser algo así como el sentimiento que mucha gente tiene con Mar del Plata, o incluso otras capitales.

La ventaja, es por supuesto que Montevideo esta mucho mas cerca de Colonia que Mar del Plata de Buenos Aires, y que los 160km que separan las ciudades uruguayas son mucho más interesantes que los 400 km pampeanos.

Partimos poco después que el pelotón de los profesionales, que se dirigía  a San José de Mayo, poco antes de Montevideo, con nuestro equipaje a cuestas en las alforjas. Los primeros 50km hasta la ciudad de Valdense, también conocida como Colonia Valdense, son sin lugar a dudas los más interesantes del recorrido, donde se atraviesa una ruta con constantes toboganes que pueden dejar knock out a algún tragamillas que sale a comerse el mundo en la primera cuchilla, mi consejo es pues, ir tranquilos y dejar los ataques a los verdaderos profesionales, el camino es largo y durante esos primeros 50km las subidas y bajadas se suceden de manera constante y un ataque a un compañero dispuesto a responder puede transformar la salida en un infierno.

Pero finalmente tras unos 50km, bastante pronto a decir verdad se acaban las mejores subidas y las galerías de árboles en las que estábamos inmersos hasta ese momento que transportaban nuestros cuerpos por un hermoso bosque. El camino se torna mucho más llano y adquiere el carácter de una autopista con dos manos separadas con dos carriles de cada lado  mas una generosa banquina donde se puede rodar sin ningún tipo de problema. La carretera transcurre de manera semi monótona durante los siguiente 110km con algún repecho sin importancia y con pocas bifurcaciones en el camino. Existe una considerable cantidad de puestos carreteros donde uno puede avituallarse de ser necesario y recién en las proximidades de Montevideo vuelven las cuchillas a presentarse de manera mas pronunciada.

No creas, oh joven pedalista, que solo con cruzar el puente sobre el río Santa Lucia estarás inmediatamente sobre el centro de Montevideo, esta es una ciudad muy extensa y tendrás que pedalear todavía 18km mas a través de repechos que han visto ahora reforzada su intensidad, hasta llegar a la zona central de la capital uruguaya.

Pero 165km y unas 6 horas después de salir de Colonia, estábamos en la capital Uruguaya.


La Vuelta llega a Montevideo

Que si la etapa de Colonia atrajo gente, parece difícil creer que pueda haber una expresión más grande de una fiesta ciclista

EL domingo se cumplía la última etapa de la Vuelta que finalizaba en Montevideo, y era además la última jornada de nuestro viaje.

La fiesta que habíamos presenciado en Colonia era de nada  comparada con la que veríamos en Montevideo, la gente que se acercaba al centro de la ciudad escuchando la transmisión de la vuelta por la radio, la caravana publicitaria que pasaba dejando algarabía y júbilo tras de sí anunciando el próximo paso de los ciclistas.

La carrera culminó en un circuito urbano que comprendía la rambla de Montevideo, un equivalente a nuestra costanera, la calle Paraguay, que de hecho era una trepada de unos 500 metros de largo donde veríamos desfallecer a mas de un ciclista, y la avenida 18 de Julio un equivalente a nuestra 9 de Julio.

No hace falta decir que la ciudad entera se volcó a las calles Montevideanas a presenciar la carrera y alentar a todos y cada uno de los pedalistas, baste decir que las motos de la policía tenían que anteponerse al paso de los corredores para abrir la calle y que en la calle Paraguay, donde nosotros estábamos apostados, el espectáculo era similar al que es posible apreciar en las transmisiones del Giro, Tour o Vuelta a España con el público entregado y los ciclistas pasando por un corredor humano.

Finalmente el ídolo uruguayo, el veterano ciclista Federico Moreira, se escapó del grupo de elegidos que se mantenían en la punta de la carrera y ganó la etapa, provocando el delirio generalizado de los espectadores, pero dejando en manos del argentino Javier Gómez del Alas Rojas el triunfo en la Vuelta.


Montevideo

Esta ciudad ofrece a quienes deseen conocerla en bicicleta tantos recorridos como calles posee, nosotros exploramos dos de ellos, el del Cerro y la típica Rambla que recorre la rivera de la ciudad, que comenzando en la Aduana del puerto atraviesa Pocitos por los más hermosos barrios hasta llegar a las casonas de Carrasco.

La ciudad  de Montevideo posee sin lugar a dudas un sin número de atractivos, pero entre todos ellos, mi favorito es el Cerro de Montevideo con su antigua fortificación, vigía de la ciudad entera, hoy transformado en museo.

Es cierto que desde arriba la ciudad se ve preciosa, pero llegar a la cima del Cerro es de por sí una experiencia que nos hará conocer la ciudad desde su lado más popular. Es en el barrio del Cerro donde están muchas de las murgas de Montevideo y donde se respira ese aire de barrio, cercano al arrabal, pero de gente simple, feliz de su vida.

La subida al Cerro en si es ardua, pero debemos tener en cuenta que Montevideo es una ciudad con muchas pendientes, así que nuestras piernas estarán en cierta forma acostumbradas a los cambios de nivel. La trepada no es larga, tendrá desde que se entra al cerro, unos dos kilómetros, y sus peores rampas son de unos cientos de metros, pero se pueden realizar con el plato mediano, e inclusive, si un o quiere probar como cruzar la cadena y tiene la fuerza necesaria, con el grande.

Desde el Cerro se aprecia toda la bahía de Montevideo, y tanto la vista, el recorrido, como el lugar, valen la pena.

El descenso es rápido, pero conviene no emocionarse en exceso, si bien las continuas curvas no nos permitirán ir demasiado rápido, poco después de comenzar a bajar comenzaremos a cruzar las calles del barrio, y no es conveniente arriesgarnos a que un peatón desapercibido u otro vehículo, se cruce a nuestro paso cuando rodamos a 50km/h en una pendiente.

Salimos a la autopista y poco después entramos al puerto, donde podremos apreciar la el barrio de la Aduana y parte de la Ciudad Vieja, con sus grandes conventillos, y ahora víctima de la pujanza inmobiliaria, algunos edificios cubiertos de cristal, pero son estos los menos.

Tras el puerto entramos a la rambla propiamente dicha, la misma posee una longitud de mas de treinta kilómetros, todos y cada uno de ellos bordeando la playa, y pasa por las mejores zonas residenciales de la capital Uruguaya, desde Pocitos pasando por el tradicional centro de diversiones del Parque Rodó,  hasta Carrasco, donde finaliza en su Casino.

La rambla esta compuesta por  constantes toboganes, la avenida es ancha y en la zona aledaña al centro puede ser un poco complicado circular, pero no imposible. Y a medida que uno se aleja del centro él transito se torna mas y más fluido, y es un placer pedalear con ese río que es casi un mar a nuestro lado, con una brisa que nos llena los pulmones de aire puro, con desniveles, con repechos y veloces descensos, las familias que toman mate, mujeres hermosas en la playa, y cuando para dar la vuelta, uno se para en la senda peatonal a esperar un hueco en el fluir del transito automovilístico, y los automovilistas, por propia voluntad, sin que medie semáforo alguno, detienen la marcha, y esperan a que crucemos la calle para dejarnos pasar, uno entonces  se pellizca el brazo y se dice a si mismo: “maldición, ¿no estaré soñando?”

Pero es Uruguay, se trata de Montevideo, una capital pensada a escala humana, que respeta no solo al ciclista, sino que también a la persona.

Y no, no es un sueño, existe. Solo hay que visitarlo, esta allá, cruzando el charco.


Pablo Pereyra es corredor del equipo Infobiker
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