Unos días de aventura, un camino
exigente, independencia, paisaje serrano y un legado tan fuerte que
fue determinado “patrimonio de la humanidad”...estos fueron los
condimentos únicos que empaparon la travesía.
Muchos preparativos, recolectar la información, la hoja de ruta,
interiorizarme con lo que iba a descubrir, preparar la bicicleta,
juntar el equipo, las herramientas, y tomar todos los recaudos
necesarios para solucionar cualquier imprevisto.
Luego de un viaje en micro de 10 horas, llegamos a las 9.00 a Tanti,
donde se iniciaría nuestra travesía mas tarde de lo previsto. El
armado de las bicis, y de las alforjas nos llevó mas tiempo de lo
esperado y tuvimos además que despertar Darío (único bicicletero del
pueblo y ciclista experto) ya que el descarrilar de los platos de la
bici de mi compañera aventurera, no pasaban correctamente y si bien
acertamos con los tornillos adecuados para solucionarlo, no
encontramos la posición justa!!!
Finalmente partimos a las 11.15 Hs rumbo a Los Gigantes en una
cuesta ininterrumpida de 28 Km que comenzaba en el mismo pueblo de
Tanti. Las condiciones eran inmejorables: día espléndido y sol
radiante.
Después de 5 Km cruzamos un caserío, El Durazno, zona residencial,
vestigio de una época dorada donde esta región era lugar
indiscutible donde pasar los meses de verano para familias
adineradas y personajes ilustres. Pueden apreciarse a lados del
camino casonas con estanques y jardines lamentablemente algunas
abandonadas o mal mantenidas.
Sigue la trepada pero se va perdiendo todo indicio de vida
ciudadana, hasta los vehículos que circulaban en forma raleada dejan
de pasar. El camino atraviesa áreas cada vegetación achaparrada y
más raleada el color amarillo predomina sobre los verdes, síntoma de
que es invierno y de que estamos adquiriendo cada vez mayor
altura.(partimos de Tanti a unos 800m snm)
No encontramos en casi todo el recorrido cursos de agua potable. Si
bien no fue un problema, ya que llevábamos suficiente; no teníamos
la certeza de donde poder reabastecernos ni cuanto íbamos a beber
realmente. Si bien era invierno, estaba haciendo bastante calor y el
sol estaba pegando muy fuerte.
Llevábamos 18Km y cuatro horas de travesía, cuando decidimos parar.
Continuábamos en subida ya no con tanta pendiente pero el cansancio
se empezaba a sentir. Era la primera y única parada, solo nos
detuvimos unos instantes con anterioridad. Fueron unos 20 minutos
para no enfriar los músculos, nueces almendras y avellanas y de
nuevo a pedalear. Traté de no pensar en lo que faltaba, estaba
realmente cansada y todavía faltaba mucho. Así que decidí
concentrarme en el paisaje y disfrutar de lo que me rodeaba.
Pasadas las 17 Hs, Nos estábamos acercando a destino, pasamos la
bifurcación que lleva a la rotonda acceso al macizo de Los Gigantes
para Trekkers y escaladores. Punto mas elevado del día, íbamos
subido unos 1200m desde que comenzamos a la mañana. De ahí en mas el
camino desciende abruptamente hacia el valle cerrado del Río Juspe.
Fueron los últimos 2 kilómetros del día, los más sinuosos y
reconfortantes. La vista era preciosa entre grandes piedras y
vegetación abundante, se Abre paso el río.
Llegamos al parador, y para nuestra sorpresa estaba abierto. Desde
hacia una semana los nuevos dueños comenzaron los trabajos de
acondicionamiento para la temporada de verano. Armamos nuestra carpa
en una terraza con una vista magnifica frente al río. Pastas para la
cena, eso si las acompañamos con pan recién horneado. Hacia mucho
frío, la altura en que nos hallábamos 1800m y la época del año se
hacían sentir, pese a que durante el día la temperatura había sido
mas que agradable.
Nos levantamos muy temprano, recién se levantaba el sol entre las
sierras y aclaraba lentamente. Desarmamos lentamente el campamento
con mucho frío, preparamos el equipaje y dejamos el desayuno para
ultimo momento. Eran las 9.30 cuando partimos y sabíamos que
nuevamente nos esperaba una subida pronunciada y mucho viento en
contra que agravaba las condiciones.
Nos alejamos del río Juspe, despacio pero en forma constante
salvando los primeros cinco kilómetros de mayor pendiente, pero el
camino seguiría en subida constante unos 5 Km mas hasta el punto mas
alto de nuestro recorrido 2200m. Me invadió una sensación extraña al
verme a la par de los filos que no rodeaban, mezcla de contemplación
con satisfacción.
El camino siguió serpenteando por los filos serranos con un descenso
pronunciado al aproximarse al hito principal de nuestro viaje: La
Candelaria (1683) Iglesia perteneciente a las Estancias Jesuitas
Cordobesas.
Llegamos a las 14.00Hs y nos tomamos un rato para descansar y
almorzar bajo el sol, la temperatura era agradable y el viento se
había disipado. Luego recorrimos el museo, los claustros y la
Iglesia que fue recientemente restaurada.

Este establecimiento, situado en el valle Norte de las Sierras
Grandes a 1300m snm, se diferencia de las otras porque se apartó del
emplazamiento tradicional sobre el camino Real justamente para
propiciar un lugar adecuado (por su clima y altura) a su actividad
principal: la cría e invernada de mulares que se proveían para el
trafico de bienes en el largo trayecto hacia el Alto Perú. Toda la
rentabilidad de la producción se destinaba al mantenimiento de la
Universidad jesuítica de Córdoba y al colegio de Pupilos. Pensar en
la complejidad institucional y la prosperidad que reinaba en esta
remota área cuando Buenos Aires no era mas que un simple
asentamiento urbano muy lejos de parecerse a una ciudad, me
maravilla.
Llegó la hora de partir (16 Hs), nos quedaba un trecho bastante
largo, mas de lo que suponíamos, ya que había varias posibilidades
para llegar hasta Oro Grueso , nuestro destino, y la mas aconsejable
resulto ser la mas larga. La cartografía sobre esta área es muy
antigua y los mapas editados están desactualizados, por lo que
seguimos una ruta incierta, guiadas por los lugareños, que estiman
la distancia en base a las horas serranas que coinciden a los
tiempos de un vehículo y no responden a la tracción a sangre. Luego
supimos que es necesario hacer la conversión antes de estimar una
distancia.
Así fue como retomamos la actividad, pedaleando a través de un
camino poco transitado (abrimos y cerramos 3 tranqueras) pero mas
variado en vegetación y paisaje hasta la ruta que une Villa de Soto
y La Falda. Sobre la ruta provincial de ripio consolidado solo
observamos algún caserío y tres vehículos; el trayecto se nos hizo
interminable acompañados de la ansiedad que nos producía no
conocerle camino ni las distancias reales. El camino ondulante, con
subida dominante, vadeando arroyos contaba con un paisaje llamativo,
con mayor vegetación y enmarcado en un cielo violáceo que iba
oscureciendo a la par que nuestra resistencia decaía. Finalmente
encontramos el Molle (árbol) que indicaba el desvío que daba ingreso
a Oro Grueso unos pocos minutos antes que cayera el sol
completamente.
Entramos en el desvío convencidas de que solo faltaban unos dos
kilómetros para concluir el día. Eso hubiese sido de haber
encontrado el camino acertado, pero no fue así, fuimos a parar a la
casa vecina donde nos indicaron como llegar a nuestro destino.
Hubiera sido mas fácil si en ese preciso instante no se hubiera
pinchado una de las ruedas traseras (sobre la cual descansaba todo
el equipaje). Así y todo, agotadas pero decididas a llegar estando
tan cerca. Arrastramos las bicicletas cargadas en un camino trabado
en el medio de la oscuridad, rodeadas de sonidos extraños y el
sonido de un caballo que se acercaba. A las 20.00Hs, completamos 68
Km, llegamos a la casa acompañadas por Alfredo (Hijo del lugareño)
quien nos encontró en el camino. Esta vez, cambiamos la carpa por
una habitación, cenamos y nos desplomamos rendidas.
Oro Grueso, cuyo emplazamiento coincide con una de las antiguas
postas del establecimiento jesuítico, es el recuerdo de un
yacimiento de cuarzo aurífero que funcionó a partir de 1860. Se lo
nombra así en mención a una gran veta de oro que aun se puede
visitar. Contaba con excavación por túneles, molienda, deposito,
postas, y la casa principal donde hoy se reciben turistas que eligen
una estadía apacible acompañados de los susurros del río La
Candelaria, atendidos por Cesar Pascual; descendiente de los
pioneros buscadores del preciado metal.
Toda la zona es rica en minerales, aunque la mineralogía esta
momentáneamente abandonada, nos cruzamos con equipos geólogos de la
Universidad de Córdoba que estudiaban la riqueza de la región.
Llegó la mañana del tercer día y una tentadora oferta alternativa
nos llevó a cambiar nuestros planes y pasar el día recorriendo el
lugar y un túnel de la mina. Nos trasladamos 3 Km hasta la casa de
Cristian donde nos prepararon guiso de cabra con y luego de la
charla extensa Iniciamos el recorrido en camioneta por los 42Km que
separan la ciudad de La Falda, desviándonos en una cantera de Mármol
en una visita frustrada a doña Maria.
En esta región, donde abundan las canteras, de explotación familiar
(las mas grandes fueron abandonadas), las placas de mármol,
desbordan por doquier, rodeándolo todo, camino, tranqueras y casas.
Así finalmente llegamos a la Falda donde terminaba nuestro circuito
y nuestra aventura. Fue una experiencia increíble, pero no es un
final sino una pausa, ya que deseo recorrer las huellas que ha
dejado la historia en esta región Cordobesa donde el legado de los
padres jesuitas se conserva en el medio de un paisaje imponente.
