La ansiedad de
seguir el camino y el enigma de eso de cruzar las famosas salinas en
Enero me despertó a las cuatro de la mañana. Nada justificaba quedarse
más, salí rumbo a la ruta previo desayuno en una estación de servicio
que permanece abierta las 24hs, el pueblo a esa hora no existe lo que
necesitemos deberá estar ahí.
Aproveche la presencia de algunos
camioneros con los cuales compartí el desayuno para obtener más datos
sobre la etapa y sus dificultades, la imaginación de las personas da
para todo casi para convertir los relatos en una fábula.
Lo que si es cierto
es que el tramo de las salinas son 150km donde escasean las provisiones
y el agua potable.
Ya con los
elementos necesarios para la vida, coloqué las luces atrás y adelante y
me predispuse a vivir lo que es, un desafío.
Salude a los
parroquianos y partí sintiendo voces que saludaban pero a la ves
realizaban algún comentario.
La ruta se abría en
la noche, el primer tramo de aproximadamente 30 km son de sierra,
todavía siento el ruido de las gomas en ese silencio solo interrumpido
por el sonido producido por algún animal.
Tomé la decisión de
apagar el reflector delantero y solo encenderlo en caso de que circulara
alguien por la otra mano, entonces el placer era mayor, viajar en la
bicicleta, de noche con luna, en silencio, solo y con un poquito de
fresco que más...
Todas las fábulas
tenían lugar en mi cabeza que trataba de concentrarse en la ruta, pero
la situación era para imaginar, que hay más allá de la ruta en eso que
es todo oscuridad es vegetación, están realmente las salinas, todavía no
lo sé.
La luz del amanecer
fue revelando los secretos de esa tierra santiagueña que con tanta
pasión se manifiesta en no pocas canciones, así apareció el monte
espinoso bien cerrado donde la ruta es como un terraplén que se extiende
lejos en el horizonte. En varios lugares se veía trabajar a empresas de
desmonte con topadoras que en poco tiempo cambiaba la fisonomía del
lugar, en algunas ocasiones me detuve a conversar con el personal que
ansiosos de hablar con alguien se mostraban muy amables brindando todo
lo que tenían.
Con el andar uno
espera encontrar algo donde el mapa pone un punto con nombre como Jume,
Piedra Blanca, El Cajón, El 49, cuando existen, solo son un caserío al
borde de la ruta con algunos corrales. Son formas de habitar distintas a
las nuestras en la ciudad, muy ligadas a la tierra casi mimetizadas
usando todo lo que la naturaleza tiene y nuestros ojos urbanos no
descubren,
La sorpresa en mi
andar la dieron las chicharras, que avisaban que la mañana iba
caminando, en un momento tuve que recurrir a la concentración para salir
de un espiral de locura que significa escucharlas con el ruido
ensordecedor producido, ignorarlas pensando en otra cosa.
La presencia de
agua o de especie de bañados anunciaba la cercanía del Río Saladillo,
pero antes a lo lejos se divisaba una construcción que no era del lugar,
una vieja estación de servicio que tuvo su tiempo de gloria quizás hace
unos 30 años. Una construcción casi en ruinas en medio de un bañado
donde las chicharras fueron reemplazadas por los mosquitos y para mayor
sorpresa, en ella viven tres ancianas que son las propietarias siendo
las que brindaban el servicio.
Mientras a mi no me
daban las manos para espantarme los mosquitos ellas sentadas con una
improvisada mesa tomando mate mirando la ruta ignorando lo que yo no
podía, mosquitos y calor.
Se presentó la
compañía de todo el viaje, un leve viento N-NE que refresca pero hace
más duro el camino.
Pronto encontré el
puente con el río, que sin mayores estridencias corría, el relieve llano
del lugar hace que con la menor lluvia desborde inundando grandes
extensiones de tierra, frente a esto, poca es la vegetación que puede
crecer en esas condiciones por lo que el paisaje hacia los cuatro puntos
cardinales es igual, con algún arbusto y bañados de agua salada casi
sin animales.
A los pocos km
nuevamente el monte cobra presencia y con el algunas casas dispersas. La
mayoría de adobe con orcones de quebracho o algarrobo, con techos planos
hechos de ramas y tierra que son frescos. La gente comentaba que el
clima permitía ese tipo de tecnologías hasta hace un tiempo, pero desde
unos años comenzó a llover trayendo un verdadero problema en las
viviendas el que puede comienza a poner chapas que los protege de las
lluvias pero no del calor, un lindo desafío tecnológico.
Otros aspectos
relativos a la vivienda que llamaron mi atención la mayoría esta
compuesta de una habitación cerrada con ventanas muy chicas donde se
duerme y otro espacio que solo tiene el techo de torta donde se pasa el
día a la sombra, y este conjunto al rayo del sol. No pude con mi
curiosidad y pregunté a los parroquianos, por que no acercaban la
vivienda bajo los árboles para aprovechar la sombra, uno de ellos me
respondió “ y si se cae una rama, pues”.
Sin palabras volví
a la ruta, poco a poco las estrategias de sobre vivencia de la gente se
hizo presente, artesanías en madera, monstruos producidos por la
naturaleza que la gente rescata del monte y perfecciona tallándolos,
tortugas, frutos, muebles y ponchos tejidos al telar. La ruta
verdaderamente se transforma ganado en formas y colores al viento,
convierte a la monótona recta en una muestra de la cultura popular
Santiagueña.
El crudo ambiente
va conformando los cuerpos y sus conductas, esos rostros rudos que
parecieran estar realizados con el hacha, gente de pocas y claras
palabras. En un momento una madre con dos hijos se encontraban a la vera
de la ruta esperando viajar me detengo, saludo y pregunto, cuanto falta
para Loreto? Responde en santiagueño ...mucho!! y luego el silencio.
No quedaba otra que
pedalear apurando la marcha para esquivarle al calor que se hacía
sentir, pasado el mediodía entraba en la ciudad de Loreto.
Comencé mi búsqueda
hacia donde estuvieran los camioneros almorzando por que en la mayoría
de las veces este dato no falla se come abundante, bueno y barato y así
unos tallarines me ayudaron a recuperar fuerzas para continuar.
Una siesta
reparadora en un parque sobre la ruta, unas hormigas que actuaron de
despertador y a recorrer los 56km faltantes.
Saliendo de Loreto
se encuentra la caminera, con las anteriores mi actitud fue la de
saludar y seguir, en este puesto un agente con uniforme, con la
temperatura que hacía se posiciona en el medio de la ruta con la mano
levantada haciendo la señal de parar y en posición de firme, me detengo,
...documentos - presento la cedula federal, la mira – documentos del
vehículo, solicita, me río respondiendo que no tengo nada, mira al jefe
que estaba en la sombra diciendo - no tiene documentación del vehículo -
me llama, bajo de la bicicleta dirigiéndome al “jefe” que después de un
largo interrogatorio resuelve dejarme seguir.
El resto de la ruta
transcurre sin estridencias, el paisaje cobra más vida con los verdes,
con las plantaciones y pequeños pueblos. El relieve es casi plano con
pequeñas subidas nada para prestarle atención.
Finalmente al
atardecer ingreso a Santiago.
La hospitalidad de
la familia de un amigo me cobijan esa noche, era noche de reyes la
ciudad según mis anfitriones estaba desconocida mucha gente en la calle.
Compartiendo unas cervezas me pusieron al tanto de la situación política
del feudo , digo provincia, las restricciones a la libertad de prensa, a
la opinión y los pormenores de los asesinatos de las dos chicas.
Para destacar la
apertura, amabilidad y entrega de las personas que me recibieron como si
me conocieron de toda la vida.
Es notable como
existe una verdad en el pueblo que se habla en cada almacén, en la
vereda y lo que se pretende instalar como verdad que los medios
oficialistas difunden.
Lamentablemente por
lluvia se había suspendido el festival de la chacarera esa noche así que
no pude ver tal manifestación cultural y popular.
Primera parte
del viaje
Etapa III
Santiago del Estero – San Miguel de Tucumán 146km
El día se encendía
temprano, a las seis de la mañana estábamos mateando con el ventilador
de techo al máximo se pronosticaba un día muy caluroso.
Después de recibir
las instrucciones para salir de la ciudad evitando las zonas peligrosas,
comienza un nuevo día de pedaleo.
El trayecto hasta
Tucumán será por ruta 9 con 150 km de extensión siendo la primer ciudad
las Termas de Río Hondo.
Este tramo es una
recta de 70 km con larguísimas subidas suaves y breves bajadas, mucho
transito de camiones y autos, el infaltable amigo viento del NE. Existen
paradores naturales, bosques de eucaliptos donde descansar a la sombra,
también son usados como paradas por las chicas que brindan placer al que
pague para ello. Después de detenerme en uno y ver los movimientos
preferí la ruta o alguna entrada a un pueblo.
La ruta transcurre
sin estridencia, pequeñas chacras con sus ranchadas y monte. En una de
ellas sobre la fachada habían pintado “no robar somos jubilados” era una
casilla de chapas herrumbradas muy pobre.
Esta sería una
característica del paso por Santiago, de lo que vi, miseria, pobreza,
sobre vivencia con lo mínimo.
Avanzaba sin
sobresaltos cuando sobre la banquina veo algo que no podía identificar
bien que era, quieto al sol, en la medida que me acercaba comencé a
distinguir una piel enroscada muy grande, ya encima descubrí que al sol
descansaba una boa de considerable tamaño muy tranquila como santiagueño
a la siesta. Este tipo de animales es uno de los que está en extinción y
al lado de la ruta creo no le quedaría demasiado de vida.
Al medio día
llegaba a Termas de Río Hondo, una ciudad dedicada a el turismo basado
en las aguas termales y la pesca en el embalse. El ingreso por la ruta 9
no lograba cambiar la imagen que ya tenía de santiago, de mucha pobreza,
en el medio de ella aparecían los casinos y hoteles con sus grande
carteles. Me imaginé algo así como una “ Las Vegas del subdesarrollo”
que comparte la aridez, con la escenografía.
Después de comprar
algunas frutas decidí seguir camino, son 25km para llegar al límite
provincial. Dos aspectos llamaron mi atención, por un lado encontrar
dos camineras, una a cada lado de los límites políticos es decir en
Santiago del estero y a cien metros otra de la jurisdicción tucumana en
ambas te detienen. El otro es el cambio que siguiendo este límite
produce la naturaleza en un tramo muy corto, la aridez se transforma, en
tierra fértil con otro tipo de vegetación y plantaciones.
Aquí la ruta es
acompañada por las plantaciones de caña de azúcar con las
infraestructura tan característica, pequeñas fincas productivas con sus
grúas, balanzas y carretones, transformando el paisaje, mostrando
elementos de la industria que desde hace años es parte de la vida
tucumana, también comienzan a aparecer las plantaciones que reemplazan a
las de azúcar como las de limón convirtiendo a esta provincia en el
segundo productor mundial. Sorprende toda esta organización destinada a
la producción agrícola y la fertilidad de la tierra después del paso por
territorios áridos.
Llegando a San
Miguel de Tucumán el transito se hace más intenso, se presentan dos
opciones para ingresar, después de averiguar por donde era más
conveniente se me aconsejó seguir la ruta 9 hasta el desvío a
circunvalación, hasta aquí todo bien, tras pasar el Río Sali se complica
el panorama, la Av Posse por donde hay que transitar es bastante
insegura, transcurre entre cientos de lavaderos de autos, cartoneros
carros y una parte del parque donde nuestras bicicletas llaman mucho la
atención en un contexto de pobreza.
Conversando con
ciudadanos tucumanos me aconsejaron acceder por la “Banda del Río Sali”.
Hasta ahora un
factor muy importante como lo es la inseguridad no había aparecido, y
sentirla transforma nuestra apreciación del lugar y del viaje.
Los primeros 500Km
se habían completado después de tres jornadas de pedaleo, descansé dos
días esperando a mi esposa que venía desde Córdoba en ómnibus para
comenzar juntos la segunda etapa del viaje.
Después de recorrer
la ciudad, reparando en la arquitectura y su cultura de la mano de un
guía amateur pero de lo mejor y compartir con amigos ricas comidas
tucumanas seguimos camino.
Por consejo de
ellos y aceptando su generosidad, nos llevaron con nuestro equipaje
hasta afuera de la ciudad por la ruta 38 a Famaillá.
Segunda parte del viaje
Etapa I Tucumán
– Tafi del Valle 112km
Partimos con un día
que prometía mucho calor, rodeados de plantaciones de caña de azúcar, en
la cabeza llevábamos la cuesta que tendríamos que superar en esta etapa.
Pasamos Famaillá
llegando a Santa Lucía donde nos aprovisionamos, el camino estaba lleno
de jóvenes haciendo dedo con sus mochilas, guitarras, y toda una onda
que llegó hasta Cafayate en un recorrido que articula diversión y
naturaleza.
Santa Lucía es un
pueblo que tuvo su gloria en décadas pasadas de la mano del ingenio que
aparece en ruinas como un monumento a la industria Argentina. En este
punto la tierra se convierte en un plano inclinado que acompaña el Río
Los Sosa por una quebrada que da lugar a la ruta.
La belleza del
paisaje compensa el esfuerzo que significa transitarlo, poco a poco la
selva cubre los cerros dando lugar a lo que se denomina “Las yungas”
grandes árboles, cubiertos de helechos y enredaderas. Las vertientes
surcan la montaña y cruzan la ruta, provocando desprendimientos.
El camino por el
transito que tiene en temporada es muy angosto, en ocasión una sola
mano, lo mismo ocurre con los puentes que se ve que en algunos de ellos
están trabajando.
No hay un
centímetro horizontal que de tregua, hasta en los autos se nota lo que
significa esta trepada dura muy dura pero de una belleza inigualable.
En Enero es para
tener en cuenta el calor propio de Tucumán y la humedad que le pone
condimento, haciendo que uno se sienta constantemente mojado, la
satisfacción viene de la mano de un baño en las cascadas de las
vertientes que encontramos a cada paso (o cada pedaleada).
Casi a mitad del
recorrido llegamos al lugar llamado El Indio donde encontramos un
monumento que se eleva sobre la montaña, ofrece un parador con mesas y
sillas para descansar después de una cuesta muy exigente para llegar. A
tener en cuenta cuando paramos, sin invitación mosquitos y tábanos se
hacen presente inmediatamente. En el lugar solo hay un puesto de venta
de artesanía, a lo largo del camino no hay venta de bebidas o alimentos.
El turismo deja testimonio de su paso y del poco significado que se le
otorga al ambiente desparramando basura que tranquilamente podrían
llevar con ellos hasta el próximo centro urbano.
Poco a poco la
vegetación se va retirando y la montaña se cubre de un pasto verde que
caracteriza a todo el valle. En un punto los cerros forman un encuadre
desde lo alto, dando lugar a lo que significa Tafi del Valle según los
lugareños “puerta espléndida al valle” en este punto termina la subida.
Desde aquí podemos divisar el Embalse El Mollar y las dos localidades
que crecen en sus márgenes, El Mollar, y Tafi del Valle con un borde de
montaña hacia los cuatro puntos cardinales.
Decidimos pasar la
noche en El Mollar, un pueblo chico muy cálido en manos de los jóvenes,
con mucha vida en las calles.
Ese día el
gobernador inauguraba la temporada turística, un escenario, música y los
movimientos de los organizadores le daban una dinámica particular al
centro de la ciudad.
En la sede de la
comuna, frente a la plaza nos indicaron donde alojarnos, también frente
a la plaza, el Hospedaje El Río nos brindó una comodísima habitación con
baño privado por $10 por personas por noche.
Diversos medios de
comunicación estaban en el lugar por el acontecimiento que significaba
la presencia del gobernador, cuando nos vieron llegar con nuestras bicis
cargados, una nota de color, se vinieron los reportajes, preguntas,
felicitaciones y buenos augurios una constante de la gente por estos
pagos.
La lluvia arruinó
la fiesta tan esperada, era viernes los jóvenes no se dejaban amedrentar
por el clima, nosotros si por un buen plato de pastas que ayudara a
reponer fuerzas que habíamos dejado por el camino.
Un amanecer con
nubes altas y con ese marco imponente de montañas no era para
perdérselo, ya el pueblo se desperezaba, los artesanos ocupaban sus
lugares, la feria de frutas y verduras estaba organizándose.
Que mejor un
desayuno con yogur, fruta, queso casero de los puesteros y pan, en la
plaza del pueblo viendo como la máquina se hecha a andar.
Llegar a la
panadería se asemejaba a un juego de esos donde uno va descubriendo el
próximo paso a medida que superó el actual,...dos cuadras por la calle
de tierra donde termina, pasar el portón que está siempre abierto, se
llega a un patio de una casa, tomar el pasillo de la izquierda sale a
otro patio seguir a la izquierda hay una entrada, en la próxima está la
panadería. Ya adentro el dueño y un parroquiano departían sobre
problemas de trascendencia, por supuesto política y de la estrategia del
panadero que consistía en emplear a estudiantes universitarios para la
atención del público de esta manera jerarquizaba el negocio. En plenas
vacaciones solo pedí el pan, una sonrisa, pagué y salí ellos seguían.
En la plaza hay
puestos que venden arrope y queso muy barato, de los campesinos del
sector, artesanos, pobladores que ofrecen hospedaje y turistas en
descanso todo esto dota de una vida especial a los espacios públicos,
generándome envidia esta situación más los que vivimos en ciudades
grandes donde poco a poco estos espacios de la mano de la inseguridad
pierden vida.
Diversas
producciones de la cultura “ Tafi” se pueden visitar tales como, la
reserva arqueológica de los menhires, donde es para reconocer el
esfuerzo de los guías locales, el montículo ceremonial y el centro
ritual en la cumbre de un cerro cercano.
Muy significativo
nos resultó como se generó la reserva arqueológica como actitud de un
pueblo que defiende sus raíces y su cultura. Según nos contaron en 1976
el entonces Gobernador Bussi arrancó 114 menhires de sus emplazamientos
originales llevándolos a la orilla de la ruta creando el parque de los
menhires, de esta manera se perdió la posibilidad de comprender sus
significado perdiendo valor científico. En el año 2002 mediante una
pueblada rescataron los menhires llevándolos a su emplazamiento
actual con el objeto de generar a futuro un museo mientras en la
actualidad la población heredera del pasado los preserva.
En uno de esos
paseos tomamos una calle hacia el oeste en dirección de las quintas
donde se produce papa, pimientos y lechuga para el mercado provincial
todo con riego de acequias y mucha mano de obra que dibuja una
geografía que muestra como el hombre puede estar en armonía con la
naturaleza.
Linda sorpresa nos
llevamos al encontrar en un lecho de río seco a una familia trabajando
la piedra con herramientas de mano, un oficio casi desaparecido, estaban
produciendo escalones de granito y molones para la construcción de
viviendas. Estos últimos son usados como basamento en las viviendas de
adobe. Don Hubi Monroi con sus seis hijos seguían con una vieja
tradición que ha brindando materia para la concreción de las ideas del
hombre.
En complemento a
nuestra estadía en El Mollar visitamos la ciudad de Tafi del Valle
siempre interesados en la producción cultural prehispánica visitamos El
Museo Jesuítico La Banda desarrollado en una antigua estancia jesuítica.
Más allá del contenido el edificio es una muestra de arquitectura
colonial de la mejor factura y con un estado de conservación excelente.
Toda la zona está
bien preparada para recibir turismo, posee recursos naturales y
culturales para distintos tipos de visitas, infraestructura y conciencia
en los pobladores de lo que debe ser la atención al turismo.
Tafi es un centro
turístico preparado para un turismo de mayor nivel con todos los
servicios que este demanda. Esto va conformando otra ciudad entorno al
casco viejo.
Segunda parte
del viaje
Etapa II Tafi
del Valle – Amaicha del Valle 64km
El domingo siendo
el día en que Dios descanso, nosotros decidimos seguir viaje con rumbo
a Amaicha del Valle, retomando la ruta 307. Lentamente se extiende una
subida de 25km hasta el “Abra de El Infiernillo” donde comienza el
descenso al otro valle.
A medida que se
gana altura vamos teniendo una vista del embalse pero desde el norte,
inclusive hasta la puerta de entrada al valle por donde habíamos
ingresado, ubicada al sur.
Si revisamos el
mapa encontramos nombres como La Quebradita, La Bolsa, Carapunco, etc.
solo son caseríos, algunos recientes donde se construye casas de fin de
semana, en el recorrido no hay ningún tipo de servicio salvo, una
iglesia con cementerio llegando al punto más alto 3048msnm en “Abra de
El Infiernillo”.
En este punto
nuevamente se produce un cambio de paisaje, desaparece la vegetación, la
tierra es casi arena con piedra bola, llama la atención los cardones que
entran a escena dominando el horizonte, el Río de Amaicha sobre el
margen izquierdo con blancas aguas es un nuevo compañero.
Después de
transitar el punto más alto viene el descanso de las piernas se podría
decir que hasta Amaicha es un 80% de bajada de asfalto en mal estado,
aquí debemos elegir o dejarnos llevar por la velocidad o bajar
lentamente mirando el hermoso paisaje árido con algunos pequeñas
arboledas donde luego descubrimos a los poblados.
Los Cardones, Los
Corpitos, Ampimpa son algunos de los caseríos a los largo de la bajada.
Especial cuidado cuando nos detenemos en las banquinas con la presencia
de espinas.
La entrada a
Amaicha está enmarcada por una estación de servicio y una construcción
que llama la atención museo - hotel decorado con piedras y motivos
indígenas que lamentablemente por estar en el alto lo veremos desde
todos lados.
Cuando transitamos
la calle de ingreso descubrimos la sencillez y humildad del poblado,
calles arenosas, casas de adobe, muchos algarrobos, una plaza central
llena de jóvenes y algunos bares, con parroquianos guitarreando en la
vereda.
Nuestra entrada se
produjo a las 16hs del domingo, calculamos que la mayoría disfrutaba de
la siesta. Si bien el sol pegaba fuerte no se sentía calor seguramente
por el clima seco del lugar.
Rápidamente
conseguimos alojamiento en la Hostería El colonial a una cuadra y media
de la plaza. Es una vieja casona a patio central con aljibe con
habitaciones distribuidas a su alrededor con una galería espaciosa. La
persona encargada nos aclaró que las habitaciones no tienen llave, “ por
que acá no pasa nada”, es una construcción de adobe, inclusive con techo
de enramada y torta prolijamente terminado.
La tranquilidad del
lugar, las construcciones y la tierra arenosa por no decir arena, dotan
de una atmósfera especial al lugar.
Luego de un baño y
algo de comida salimos a recorrer el pueblo mate bajo el brazo, el museo
arqueológico estatal cerrado, cualquier calle es un circuito turístico
donde podemos observar arquitectura popular, costumbres, modos de vida,
caminando en silencio.
Visitamos la obra
escultórica de un alemán Ludwing Schumaher que talló una virgen en el
tronco de un algarrobo que sale de la tierra, viviendo mientras la obra
se realizaba en una ranchada junto al río. Lamentablemente el pintoresco
paisaje de la barranca del río con un monte de algarrobos desde todo
punto de vista es invadido por las imágenes del museo hotel quitándole
la atmósfera tan armoniosa del pueblo.
Ya de tardecita la
plaza central era una escenografía para las relaciones entre vecinos,
caminando a su alrededor, tomando mate en el pasto, guitarreando,
distintos grupos compartían charlas, música y sonrisas. Realmente
envidiable, como un espacio se llena de vida, de relaciones sin la
necesidad de estar consumiendo o cuidándonos como en nuestras ciudades.
El espacio público es el lugar de las relaciones y del control social.
En esta recorrida
etnográfica del pueblo viendo que hacen y como lo hacen encontramos las
primeras personas con el “acullico” de coca que da una característica
particular a los rostros, y a medida que nos dirigíamos más al norte se
hace más presente.
Después de
encontrar algunos amigos inesperados por la calle que fue toda una
sorpresa, locro mediante nos fuimos a dormir. Mucha atención con los
mosquitos.
Segunda parte
del viaje
Etapa III
Amaicha del Valle – Cafayate 69km
Tranquilos en la
mañana y lentamente, como sin querer dejar el pueblo tomamos la ruta 357
con rumbo a Cafayate. Antes de partir necesitábamos echar aire a las
gomas, fuimos a la estación de servicio a la entrada del pueblo y por
esas cosas inexplicables no hay donde hacerlo.
Cerca de allí en
una casa de familia, una vieja cubierta de camión anuncia gomería,
después de golpear las manos y de explicarle a una señora nuestro
problema abrió un portón prendiendo el compresor, “mi marino solo
atiende de tarde ahora trabaja en el campo” dijo pobre del turista que
tenga problemas con las espinas abundantes del lugar.
La 357 es una
tranquila ruta de asfalto con una suave bajada hasta que se encuentra
con la ruta 40 cerca del puente del Río Santa María.
Desviamos a las
Ruinas de los Indios Quilmes por un camino de ripio muy deteriorado
teniendo en cuenta la cantidad de turismo que transita.
Nos encontramos con
dos hermanos - Ignacio y Diego – de Buenos Aires que venían del norte en
sus bicis, con ellos recorrimos los 5 km que separan la ruta del lugar
compartiendo anécdotas de nuestros viajes, en su piel se notaba todo lo
que había hecho el sol.
La visita a las
ruinas está concesionado a un privado, al cuál hay que pagarle $2 por
persona. Encontramos sanitarios muy limpios, vigilancia, las bicis
nunca tienen un lugar para el guardado así que las depositamos en un
rincón bajo la mirada de uno de la empresa que nos dijo “quédense
tranquilo aquí nadie toca nada”.
Imponente el
asentamiento contra la montaña, escuchamos la historia de la boca (según
el ) de un descendiente de esa cultura, pensando las cosas que se han
hecho en nombre de la civilización, la religión y la ambición sobre las
culturas nativas. Inclusive hasta en nuestros días pero hoy solo en
nombre del dinero.
Es un lugar para
destinarle tiempo al recorrido y la contemplación.
Comenzamos la
vuelta encontrando algunos chicos con sus mochilas que venían caminando
bajo un intenso sol de mediodía, en todos los casos nos preguntaron
“falta mucho”. Retomando la ruta 40 nos causaba sorpresa los montículos
de arena y piedra en las banquinas, donde los lechos secos de los
arroyos cortaban la cinta de asfalto. Cuando llueve baja de la montaña
el agua arrastrando material que deja a su paso. Esto requiere de un
mantenimiento constante con maquinarias.
Recuperamos fuerza
almorzando en la plaza de Colalao del Valle en compañía de un personaje
del pueblo. Habíamos comprado para hacer unos sándwich y nos instalamos
en la sombra de los árboles de la plaza cada uno preparándose para
degustar, entra en escena el personaje, ropa muy deteriorada, un solo
diente, bastante sucio – buenas – buenas , como anda la cosa por acá - y
mal – no hay trabajo, a veces una changa – usted sabe se come cuando
hay, dice – mi señora que estaba luchando con el sándwich corta la mitad
y se lo entrega, rápidamente lo termina y sigue ahí, hago lo mismo
entregándole mi mitad, en eso quedo solo con él, y me tira la pregunta -
¿No tiene un peso para una cajita?- le doy y sale contento al kiosco se
instala en otro banco de la plaza con un blanco fresco a matar las
penas.
En este paraje nos
habían recomendado entrar hacia la izquierda al pueblo llamado “El
Pichao” donde hay restos de otra ciudad precolombina, la decisión fue de
continuar rumbo a Cafayate.
Este tramo de la
ruta es bien tranquilo y muy pintoresco, hacia la derecha se deja ver el
río con su valle, lentamente en ese terreno arenoso que parece que nada
iría a crecer, se hacen presente las primeras fincas productoras de
uvas, cada una identificada con su cartel finca...
tanto...bodega......desde 188....
Para destacar es el
pueblo de Tolombón muy chiquito y pintoresco totalmente dedicado a la
producción de vinos y quesos. Posee un hospedaje en una vieja casona en
medio de plantaciones de uvas.
Habíamos ingresado
a la Provincia de Salta de la mano de un viento norte que parecía que no
quería dejar que saliéramos de Tucumán.
Pasábamos frente a
la bodega Etchart esto significaba haber llegado a la meta.
La ruta se confunde
con la calle de ingreso a la ciudad hasta llegar a la plaza, el río
Lorohuasi con su camping, talleres de artesanía, el museo del vino, etc.
Se van sucediendo hasta llegar a la oficina de turismo en esos días
completamente desbordada por los turistas.
Pese a eso éramos
atendido con una amabilidad y atención que nos hacían sentir únicos.
Fácilmente encontramos alojamiento en una casa de familia muy cerca del
centro.
Este pueblo
Calchaquí permite disfrutar de la naturaleza, de museos, bodegas todo
para recorrer a pie, en un ambiente donde se destaca la sensación de
seguridad. Por lo que pudimos ver existe una vida pública intensa entre
los pobladores nativos del lugar, todos se conocen y saludan. Nos llamó
la atención que la gente llegaba al supermercado en su bici la
estacionaba en el cordón, entraba compraba y montando se alejaba sin
ninguna preocupación – Que lujo no?- Otra demostración del control
social que existe (y no comparto) lo descubrimos en el atrio de la
catedral donde se exponían actas de matrimonios a concretarse para su
objeción si alguien tuviera algo a decir.
Es un pueblo que
invita a gozar de la vida a pleno.
No dejamos de
visitar el taller Utama de Haro Galli ubicado en las afueras del pueblo,
lamentablemente no lo encontramos pero fuimos muy bien atendidos por su
madre.
Habiendo
descansado, probado y aprendido sobre la fabricación del vino decidimos
emprender lo que se convirtió en la última etapa de nuestro viaje.
Segunda parte
del viaje
Etapa IV
Cafayate – Salta 189 km
Con muchas ganas de
quedarnos a vivir, tuvimos que tomar la decisión de seguir nuestro
viaje, esa noche comenzó a llover y a refrescar, para la madrugada
teníamos un suave viento del sur que nos sería favorable.
Partimos a las
siete de la mañana con nubes y algo fresco a tomar la ruta 68 con km o
en Cafayate llegando a Salta.
El asfalto va
uniendo distintos tipos de ambientes que se suceden despertando sorpresa
a cada paso. En los primeros kilómetros un paisaje de médanos encuadra
el camino, las dunas sobresalen de la vegetación, imaginen que estaba
amaneciendo. Poco a poco la quebrada se ensancha alojando al Río de las
Conchas, la ruta sigue su zigzagueo.
Las montañas de
arenisca de distintos colores toman formas extrañas a las que le han
puesto nombres como El obelisco, El Sapo, El Anfiteatro, etc. Es un
paisaje mágico, y certificando esto, como colocado en la ruta apareció
un ciclista nativo, en una vieja bicicleta inglesa, no sabemos de donde,
él con su bolsito cruzado nos acompañó por más de 20km en ocasión
prendía un cigarro y seguía tranquilo.
El relieve de la
ruta hasta el Paraje “Tres Cruces” tiene un 70% de subida esto ocurre a
36 km de Cafayate, luego existen dos “repeches” duros en los Km 47 y
66. En temporada de lluvia se ven desmoronamientos que arrojan piedras
sobre la ruta, es un doble peligro por que los automovilistas los
esquivan sin mirar que venimos lentamente.
Hasta Alemanía no
hay poblaciones de importancia solo algunos caseríos, puestos de venta
de cerámica muy precarios, algún ranchito cerca del río con terrazas de
cultivo, llamas y guanacos sueltos, solo naturaleza.
Justo a la mitad
del camino se destaca un parador llamado “La posta de las Cabras” con
muy buenas instalaciones pero con precios no acordes al bolsillo del
cicloturista, no desesperar poco después en Talapampa se puede almorzar
por unos pocos chelines en cualquiera de los puestos sobre la ruta.
A esta altura de la
ruta la vegetación boscosa a ganado las laderas de los cerros y el valle
del río que ahora se llama Guachipas hasta su desembocadura en el
Embalse Cabra Corral. Poco a poco todo se torna más fértil y llano
presentando algunos campos de cultivo.
A esta altura se
incrementa el transito por la atracción que representa el embalse, con
la oferta de camping, pesca, balnearios, etc. Uno de los pueblos que da
entrada a la zona es Coronel Moldes, en la calle principal podemos ver
viejas recovas coloniales.
Se suceden pequeños
pueblos dedicados a la agricultura variada y a medida que nos acercamos
a Salta prevalecen las fincas tabacaleras que modelan un paisaje con los
secaderos y galpones donde viven los trabajadores con sus familias.
El contraste social
llama la atención, grandes casonas en el corazón de las fincas y en la
periferia los obrajes donde la gente se las ve cocinando con leña y
lavando ropa en cuartos de cubiertas de camión con los niños
correteando.
Por el horario en
que circulábamos por la ruta nos vimos involucrados en la salida de los
operarios de las plantaciones que formaban una larga fila de cientos de
ciclistas en bicis desvencijadas por el borde de la ruta, quedamos
intercalados como una nota de color en la miseria de esta gente que
terminaba una jornada de trabajo.
Ya de tardecita
entramos en Salta la linda la de los contrastes le agregamos nosotros,
buscando el barrio San Carlos donde nos alojaríamos gracias a unos
amigos.
Recorrimos y
disfrutamos la hermosa ciudad hasta la noche del domingo que nos
embarcamos en ómnibus hacia Córdoba donde llegamos el lunes a media
mañana.
En la terminal de
ómnibus armamos las bicis, pedaleando hasta nuestro domicilio en las
afueras de la ciudad.
Fueron dos semanas
y 1000km de grandes emociones, de desafíos físicos y mentales, de
descubrimientos que fortalecieron nuestro espíritu. El cicloturismo
permite conocer de una forma especial nuestros lugares. Hoy con todavía
frescas las sensaciones ya estamos pensando en el próximo desafío.
Queremos agradecer
a todos los amigos que nos brindaron apoyo y cariño en los distintos
lugares por donde pasamos.
Febrero 2004