Diario de viaje Enero 2004
Por Germán Gustavo Rebord
rebord22@yahoo.com.ar 

De Córdoba a Salta a través de los Valles Calchaquíes

 Síntesis

El objetivo del viaje tendía a pasar las vacaciones (dos semanas) andando en bicicleta uniendo la ciudad de Córdoba con la ciudad de Salta planificando paradas relacionadas a lugares a conocer y kilómetros a recorrer. Desarrollada del  4 al 19 de Enero de 2004.

De esta manera planificamos nuestro viaje en dos partes y cada una de ellas con etapas, una primera, Córdoba – Tucumán que básicamente sirvió para sacarse las ganas de andar muchos kilómetros y la segunda volcada más a conocer localidades, personas  y particularidades culturales como también lo que hace a flora y fauna.    

El viaje lo comenzamos a planificar con aproximadamente cuatro meses de antelación, donde estuvimos abocados a la búsqueda de materiales que sirvieran para tener una idea de lo que debíamos emprender.

Recurrimos a guías turísticas del tipo Firestone por la calidad, resolución y escala de los mapas donde se destaca las diferente formas de brindar información de distancias y tipos de localidades, y la guía turística de YPF donde abundan los datos sobre fisonomía, primitivos habitantes, ríos, desarrollo económico social, arquitectura, lugares a visitar y unos mapas donde al relieve se le superpone las rutas.

No menos importantes fueron los relatos de ciclistas que se encuentran en internet y en la revista Biciclub.

Un dato a tener en cuenta ya que es la base para preparar el equipaje son los climatológicos, con todas las personas que consultamos nos decían que estábamos locos de ir al norte en Enero, esto contradecía los datos duros obtenidos del servicio metereológico, la vestimenta seleccionada quedo bajo nuestra responsabilidad y no nos equivocamos. 

Primera parte del viaje                                                                                 

 

Etapa I Córdoba – Ojo de agua 223km

La primera parte tenía como meta unir a través de la ruta 9 Córdoba con Tucumán, donde me encontraría con mi esposa para seguir el viaje juntos.

El domingo 4 de Diciembre cargamos la bicicleta en un vehículo para salir de la ciudad de Córdoba, a las cinco de la mañana alejándonos del peligro que representa la periferia de toda gran ciudad.

Con el amanecer comencé a pedalear, tratando de acostumbrarme a manejar al filo de la ruta con el peso de las alforjas, me esperaban algo más de 220 Km.

Sin ningún sobresalto más allá de los “finitos” que me realizaban los camiones que son muchos hasta el cruce con la ruta 60 que lleva a Dean Funes, transcurrieron los Km. Se sucedieron poblaciones como Jesús María, Villa del Totoral, San José de  la Dormida donde se hizo el medio día con un sol que doblegaba al protector, obligándome a parar a almorzar y descansar hasta que pase el calor de la siesta.

Se veía que desde el sur se estaba armando el cielo, una lluvia si bien traería alivio, llevaría a detener la  marcha,  esto me llevó a volver al camino buscando Villa de María, donde me alcanzó la tormenta entrando al pueblo.

Después de resguardarme en el puesto caminero, volví al camino arribando a Ojo de Agua cerca de las 21hs ayudado por un fuerte viento sur y un descenso de temperatura abrupto.

Esta etapa no tiene mayores complicaciones en cuanto a relieve salvo cuando entra en escena la Sierra de Sumampa trayendo largas subidas y bajadas hacia el final de la etapa.

Dos son los aspectos a tener en cuenta,  el transito especialmente de camiones sin ninguna consideración a los ciclistas y el viento constante a partir de media mañana desde el norte, es decir en contra.  

La ciudad de Ojo de Agua es un pequeño poblado, el último ante de las salinas,  básicamente brinda servicios en torno a la Ruta 9.

En el centro de la ciudad frente a la plaza se encuentra arquitectura del SXIX, y un pequeño hospedaje, al que los pobladores le llaman el “hotelito de la plaza” donde por $10 por persona se puede dormir en compañía de nubes de mosquitos.

Primera parte del viaje

Etapa II Ojo de Agua – Santiago del Estero 208 km

 La ansiedad de seguir el camino y el enigma de eso de cruzar las famosas salinas en Enero me despertó a las cuatro de la mañana. Nada justificaba quedarse más, salí rumbo a la ruta previo desayuno en una estación de servicio que permanece abierta las 24hs, el pueblo a esa hora no existe lo que necesitemos deberá estar ahí.

 Aproveche la presencia de algunos camioneros con los cuales compartí el desayuno para obtener más datos sobre la etapa y sus dificultades, la imaginación de las personas  da para todo casi para convertir los relatos en una fábula.

Lo que si es cierto es que el tramo de las salinas son 150km donde escasean las provisiones y el agua potable.

Ya con los elementos necesarios para la vida, coloqué las luces atrás y adelante y me predispuse a vivir lo que es, un desafío.

Salude a los parroquianos y partí sintiendo voces que saludaban pero a la ves realizaban algún comentario.

La ruta se abría en la noche, el primer tramo de aproximadamente 30 km son de sierra, todavía siento el ruido de las gomas en ese silencio solo interrumpido por el sonido producido por algún animal.

Tomé la decisión de apagar el reflector delantero y solo encenderlo en caso de que circulara alguien por la otra mano, entonces el placer era mayor, viajar en la bicicleta, de noche con luna, en silencio, solo y con un poquito de fresco que más...

Todas las fábulas tenían lugar en mi cabeza que trataba de concentrarse en la ruta, pero la situación era para imaginar, que hay más allá de la ruta en eso que es todo oscuridad es vegetación, están realmente las salinas, todavía no lo sé. 

La luz del amanecer fue revelando los secretos de esa tierra santiagueña que con tanta pasión se manifiesta en no pocas canciones, así apareció el monte espinoso bien cerrado donde la ruta es como un terraplén que se extiende lejos en el horizonte. En varios lugares se veía trabajar a empresas de desmonte con topadoras que en poco tiempo cambiaba la fisonomía del lugar, en algunas ocasiones me detuve a conversar con el personal que ansiosos de hablar con alguien se mostraban muy amables brindando todo lo que tenían.

Con el andar uno espera encontrar algo donde el mapa pone un punto con nombre como Jume, Piedra Blanca, El Cajón, El 49, cuando existen, solo son un caserío al borde de la ruta con algunos corrales. Son formas de habitar distintas a las nuestras en la ciudad, muy ligadas a la tierra casi mimetizadas usando todo lo que la naturaleza tiene y nuestros ojos urbanos no descubren,

La sorpresa en mi andar la dieron las chicharras, que avisaban que la mañana iba caminando, en un momento tuve que recurrir a la concentración para salir de un espiral de locura que significa escucharlas con el ruido ensordecedor producido, ignorarlas pensando en otra cosa.

La presencia de agua o de especie de bañados anunciaba la cercanía del Río Saladillo, pero antes a lo lejos se divisaba una construcción que no era del lugar, una vieja estación de servicio que tuvo su tiempo de gloria quizás hace unos 30 años. Una construcción casi en ruinas en medio de un bañado donde las chicharras fueron reemplazadas por los mosquitos y para mayor sorpresa, en ella viven tres ancianas que son las propietarias siendo las que brindaban el servicio.

Mientras a mi no me daban las manos para espantarme los mosquitos ellas sentadas con una improvisada mesa tomando mate mirando la ruta ignorando lo que yo no podía, mosquitos y calor.

Se presentó la compañía de todo el viaje, un leve viento N-NE que refresca pero hace más duro el camino.

Pronto encontré el puente con el río, que sin mayores estridencias corría, el relieve llano del lugar hace que con la menor lluvia desborde inundando grandes extensiones de tierra, frente a esto, poca es la vegetación que puede crecer en esas condiciones por lo que el paisaje hacia los cuatro puntos cardinales  es igual, con algún arbusto y  bañados de agua salada casi sin animales.

A los pocos km nuevamente el monte cobra presencia y con el algunas casas dispersas. La mayoría de adobe con orcones de quebracho o algarrobo, con techos planos hechos de ramas y tierra que  son frescos. La gente comentaba que el clima permitía ese tipo de tecnologías hasta hace un tiempo, pero desde unos años comenzó a llover trayendo un verdadero problema en las viviendas el que puede comienza a poner chapas que los protege de las lluvias pero no del calor, un  lindo desafío tecnológico.

Otros aspectos relativos a la vivienda que llamaron mi atención  la mayoría esta compuesta de una habitación cerrada con ventanas muy chicas donde se duerme y otro espacio que solo tiene el techo de torta donde se pasa el día a la sombra, y este conjunto al rayo del sol. No pude con mi curiosidad y pregunté a los parroquianos, por que no acercaban la vivienda bajo los árboles para aprovechar la sombra, uno de ellos me respondió “ y si se cae una rama, pues”.

Sin palabras volví a la ruta, poco a poco las estrategias de sobre vivencia de la gente se hizo presente, artesanías en madera, monstruos producidos por la naturaleza que la gente rescata del monte y perfecciona tallándolos, tortugas, frutos, muebles y ponchos tejidos al telar. La ruta verdaderamente se transforma ganado en formas y colores al viento, convierte a la monótona recta en una muestra de la cultura popular Santiagueña.

El crudo ambiente va conformando los cuerpos y sus conductas, esos rostros rudos que parecieran estar realizados con el hacha, gente de pocas y claras palabras. En un momento una madre con dos hijos se encontraban a la vera de la ruta esperando viajar me detengo, saludo y pregunto, cuanto falta para Loreto? Responde en santiagueño ...mucho!! y luego el silencio.

No quedaba otra que pedalear apurando la marcha para esquivarle al calor que se hacía sentir, pasado el mediodía entraba en la ciudad de Loreto.

Comencé mi búsqueda hacia donde estuvieran los camioneros almorzando  por que en la mayoría de las veces este dato no falla se come abundante, bueno y barato y así unos tallarines me ayudaron a recuperar fuerzas para continuar.

Una siesta reparadora en un parque sobre la ruta, unas hormigas que actuaron de despertador y a recorrer los 56km faltantes.

Saliendo de Loreto se encuentra la caminera, con las anteriores mi actitud fue la de saludar y seguir, en este puesto un agente con uniforme, con la temperatura que hacía se posiciona en el medio de la ruta con la mano levantada haciendo la señal de parar y en posición de firme, me detengo, ...documentos - presento la cedula  federal,  la mira – documentos del vehículo, solicita, me río respondiendo que no tengo nada, mira al jefe que estaba en la sombra diciendo - no tiene documentación del vehículo - me llama, bajo de la bicicleta dirigiéndome al “jefe” que después de un largo interrogatorio resuelve dejarme seguir.

El resto de la ruta transcurre sin estridencias, el paisaje cobra más vida con los verdes, con las plantaciones y pequeños pueblos. El relieve es casi plano con pequeñas subidas nada para prestarle atención.

Finalmente al atardecer ingreso a Santiago.

La hospitalidad de la familia de un amigo me cobijan esa noche, era noche de reyes la ciudad según mis anfitriones estaba desconocida mucha gente en la calle. Compartiendo unas cervezas me pusieron al tanto de la situación política del feudo , digo provincia, las restricciones a la libertad de prensa, a la opinión y los pormenores de los asesinatos de las dos chicas.

Para destacar la apertura, amabilidad y entrega de las personas que me recibieron como si me conocieron de toda la vida.

Es notable como existe una verdad en el pueblo que se habla en cada almacén, en la vereda y lo que se pretende instalar como verdad que los medios oficialistas difunden.

Lamentablemente por lluvia se había suspendido el festival de la chacarera esa noche así que no pude ver tal manifestación cultural y popular. 

Primera parte del viaje

Etapa III  Santiago del Estero – San Miguel de Tucumán 146km 

El día se encendía temprano, a las seis de la mañana estábamos mateando con el ventilador de techo al máximo se pronosticaba un día muy caluroso.

Después de recibir las instrucciones para salir de la ciudad evitando las zonas peligrosas, comienza un nuevo día de pedaleo.

El trayecto hasta Tucumán será por ruta 9 con 150 km de extensión siendo  la primer ciudad las Termas de Río Hondo.

Este tramo es una recta de 70 km con larguísimas subidas suaves y breves bajadas, mucho transito de camiones y autos, el infaltable amigo viento del NE. Existen paradores naturales, bosques de eucaliptos donde descansar a la sombra, también son usados como paradas por las chicas que brindan placer al que pague para ello. Después de detenerme en uno y ver los movimientos preferí la ruta o alguna entrada a un pueblo.

La ruta transcurre sin estridencia, pequeñas chacras con sus ranchadas y monte. En una de ellas sobre la fachada habían pintado “no robar somos jubilados” era una casilla de chapas herrumbradas muy pobre.

Esta sería una característica del paso por Santiago, de lo que vi, miseria, pobreza, sobre vivencia con lo mínimo.

Avanzaba sin sobresaltos cuando sobre la banquina veo algo que no podía identificar bien que era, quieto al sol, en la medida que me acercaba comencé a distinguir una piel enroscada muy grande, ya encima descubrí que al sol descansaba una boa de considerable tamaño muy tranquila como santiagueño a la siesta. Este tipo de animales es uno de los que está en extinción y al lado de la ruta creo no le quedaría demasiado de vida.

Al medio día llegaba a Termas de Río Hondo, una ciudad dedicada a el turismo basado en las aguas termales y la pesca en el embalse. El ingreso por la ruta 9 no lograba cambiar la imagen que ya tenía de santiago, de mucha pobreza, en el medio de ella aparecían los casinos y hoteles con sus grande carteles. Me imaginé algo así como una “ Las Vegas del subdesarrollo” que comparte la aridez, con la escenografía.

Después de comprar algunas frutas decidí seguir camino, son 25km para llegar al límite provincial. Dos aspectos llamaron mi atención,  por un lado encontrar dos camineras,  una a cada lado de los límites políticos es decir en Santiago del estero y a cien metros otra de la jurisdicción tucumana en ambas te detienen. El otro es el cambio que siguiendo este límite produce la naturaleza en un tramo muy corto, la aridez se transforma, en tierra fértil con otro tipo de vegetación y plantaciones.

Aquí la ruta es acompañada por las plantaciones de caña de azúcar  con las infraestructura tan característica, pequeñas fincas productivas con sus  grúas, balanzas y carretones, transformando el paisaje, mostrando elementos de la industria que desde hace años  es parte de la vida tucumana, también comienzan a aparecer las plantaciones que reemplazan a las de azúcar como las de limón convirtiendo a esta provincia en el segundo productor mundial. Sorprende toda esta organización destinada a la producción agrícola y la fertilidad de la tierra después del paso por territorios áridos.

Llegando a San Miguel de Tucumán el transito se hace más intenso, se presentan dos opciones para ingresar, después de averiguar por donde era más conveniente se me aconsejó seguir la ruta 9 hasta el desvío a  circunvalación, hasta aquí todo bien, tras pasar el Río Sali se complica el panorama, la Av Posse por donde hay que transitar es bastante insegura, transcurre entre cientos de lavaderos de autos, cartoneros carros y una parte del parque donde nuestras bicicletas llaman mucho la atención en un contexto de pobreza.

Conversando con ciudadanos tucumanos me aconsejaron acceder por la “Banda del Río Sali”.

Hasta ahora un factor muy importante como lo es la inseguridad no había aparecido, y sentirla transforma nuestra apreciación del lugar y del viaje.

Los primeros 500Km se habían completado después de tres jornadas  de pedaleo, descansé dos días esperando a mi esposa que venía desde Córdoba en ómnibus para comenzar juntos la segunda etapa del viaje.

Después de recorrer la ciudad,  reparando en la arquitectura y su cultura de la mano de un guía amateur pero de lo mejor y compartir con amigos ricas comidas tucumanas seguimos camino.

Por consejo de ellos y aceptando su generosidad, nos llevaron con nuestro equipaje hasta afuera de la ciudad por la ruta 38 a Famaillá.   

Segunda parte del viaje

 Etapa I Tucumán – Tafi del Valle 112km 

Partimos con un día que prometía mucho calor, rodeados de plantaciones de caña de azúcar, en la cabeza llevábamos la cuesta que tendríamos que superar en esta etapa.

Pasamos Famaillá llegando a Santa Lucía donde nos aprovisionamos, el camino estaba  lleno de jóvenes haciendo dedo con sus mochilas, guitarras, y toda una onda que llegó hasta Cafayate en un recorrido que articula diversión y naturaleza.

Santa Lucía es un pueblo que tuvo su gloria en décadas pasadas de la mano del ingenio que aparece en ruinas como un monumento a la industria Argentina. En este punto  la tierra se convierte en un plano inclinado que acompaña el Río Los Sosa por una quebrada que da lugar a la ruta.

La belleza del paisaje compensa el esfuerzo que significa transitarlo, poco a poco la selva cubre los cerros dando lugar a lo que se denomina “Las yungas” grandes árboles, cubiertos de helechos y enredaderas. Las  vertientes surcan la montaña y cruzan la ruta, provocando desprendimientos.

El camino por el transito que tiene en temporada es muy angosto, en ocasión una sola mano, lo mismo ocurre con los puentes que se ve que en algunos de ellos están trabajando.

No hay un centímetro horizontal que de tregua, hasta en los autos se nota lo que significa esta trepada dura muy dura pero de una belleza inigualable.

En Enero es para tener en cuenta el calor propio de Tucumán  y la humedad que le pone condimento, haciendo que uno se sienta constantemente mojado, la satisfacción viene de la mano de un baño en las cascadas de las vertientes que encontramos a cada paso (o cada pedaleada).

Casi a mitad del recorrido llegamos al lugar llamado El Indio donde encontramos un monumento que se eleva sobre la montaña, ofrece un parador con mesas y sillas para descansar después de una cuesta muy exigente para llegar. A tener en cuenta cuando paramos, sin invitación mosquitos y tábanos se hacen presente inmediatamente. En el lugar solo hay un puesto de venta de artesanía, a lo largo del camino no hay venta de bebidas o alimentos. El turismo deja testimonio de su paso y del poco significado que se le otorga al ambiente desparramando basura que tranquilamente podrían llevar con ellos hasta el próximo centro urbano.

Poco a poco la vegetación se va retirando y la montaña se cubre de un pasto verde que caracteriza a todo el valle. En un punto los cerros forman un encuadre desde lo alto, dando lugar a lo que significa Tafi del Valle según los lugareños “puerta espléndida al valle” en este punto termina la subida. Desde aquí podemos divisar el Embalse El Mollar y las dos localidades que crecen en sus márgenes, El Mollar, y Tafi del Valle con un borde de montaña hacia los cuatro puntos cardinales.

Decidimos pasar la noche en El Mollar, un pueblo chico muy cálido en  manos de los jóvenes, con mucha vida en las calles.

Ese día el gobernador inauguraba la temporada turística, un escenario, música y los movimientos de los organizadores le daban una dinámica particular al centro de la ciudad.

En la sede de la comuna, frente a la plaza nos indicaron donde alojarnos, también frente a la plaza, el Hospedaje El Río nos brindó una comodísima habitación con baño privado por $10 por personas por noche.

Diversos medios de comunicación estaban en el lugar por el acontecimiento que significaba la presencia del gobernador, cuando nos vieron llegar con nuestras bicis cargados, una nota de color, se vinieron los reportajes, preguntas, felicitaciones y buenos augurios una constante de la gente por estos pagos.

La lluvia arruinó la fiesta tan esperada, era viernes los jóvenes no se dejaban amedrentar por el clima, nosotros si por un buen plato de pastas que ayudara a reponer fuerzas que habíamos dejado por el camino.

Un amanecer con nubes altas y con ese marco imponente de montañas no era para perdérselo, ya el pueblo se desperezaba, los artesanos ocupaban sus lugares, la feria de frutas y verduras estaba organizándose.

Que mejor un desayuno con yogur, fruta, queso casero de los puesteros y pan, en la plaza del pueblo viendo como la máquina se hecha a andar.

Llegar  a la panadería se asemejaba a un juego de esos donde uno va descubriendo el próximo paso a medida que superó el actual,...dos cuadras por la calle de tierra donde termina, pasar el portón que está siempre abierto, se llega a un patio de una casa, tomar el pasillo de la izquierda sale a otro patio seguir a la izquierda hay una entrada, en la próxima está la panadería. Ya adentro el dueño y un parroquiano departían sobre problemas de trascendencia, por supuesto política y de la estrategia del panadero que consistía en emplear a estudiantes universitarios para la atención del público de esta manera jerarquizaba el negocio. En plenas vacaciones solo pedí el pan, una sonrisa, pagué y salí ellos seguían.

En la plaza hay puestos que venden arrope y queso muy barato, de los campesinos del sector, artesanos, pobladores que ofrecen hospedaje y turistas en descanso todo esto dota de una vida especial a los espacios públicos, generándome envidia esta situación más los que vivimos en ciudades grandes donde poco a poco estos espacios de la mano de la inseguridad pierden vida.

Diversas producciones de la cultura “ Tafi” se pueden visitar tales como, la reserva arqueológica de los menhires, donde es para reconocer el esfuerzo de los guías locales, el montículo ceremonial y el centro ritual en la cumbre de un cerro cercano.

Muy significativo nos resultó como se generó la reserva arqueológica como actitud de un pueblo que defiende sus raíces y su cultura. Según nos contaron en 1976 el entonces Gobernador Bussi arrancó 114 menhires de sus emplazamientos originales llevándolos a la orilla de la ruta creando el parque de los menhires, de esta manera se perdió la posibilidad de comprender sus significado perdiendo  valor científico. En el año 2002 mediante una pueblada rescataron los menhires llevándolos a su emplazamiento actual con el objeto de generar a futuro un museo mientras en la actualidad la población heredera del pasado los preserva.

En uno de esos paseos tomamos una calle hacia el oeste en dirección de las quintas donde se produce papa, pimientos y lechuga para el mercado provincial todo con riego de acequias y mucha mano de obra  que dibuja una geografía que muestra como el hombre puede estar en armonía con la naturaleza. 

Linda sorpresa nos llevamos al encontrar en un lecho de río seco a una familia  trabajando la piedra con herramientas de mano, un oficio casi desaparecido, estaban produciendo escalones de granito y molones para la construcción de viviendas. Estos últimos son usados como basamento en las viviendas de adobe. Don  Hubi Monroi con sus seis hijos seguían con una vieja tradición que ha brindando materia para la concreción de las ideas del hombre.

En complemento a nuestra estadía en El Mollar visitamos la ciudad de Tafi del Valle siempre interesados en la producción cultural prehispánica visitamos El Museo Jesuítico La Banda desarrollado en una antigua estancia jesuítica. Más allá del contenido el edificio es una muestra de arquitectura colonial de la mejor factura y con un estado de conservación excelente.

Toda la zona está bien preparada para recibir turismo, posee recursos naturales y culturales para distintos tipos de visitas, infraestructura y conciencia en los pobladores de lo que debe ser la atención al turismo.

Tafi es un centro turístico preparado para un turismo de mayor nivel con todos los servicios  que este demanda. Esto va conformando otra ciudad entorno al casco viejo. 

Segunda parte del viaje

Etapa II Tafi del Valle – Amaicha del Valle 64km 

El domingo siendo el día en que Dios descanso, nosotros decidimos  seguir viaje con rumbo a Amaicha del Valle, retomando la ruta 307. Lentamente se extiende una subida de 25km hasta el “Abra de El Infiernillo” donde comienza el descenso al otro valle.

A medida que se gana altura vamos teniendo una vista del embalse pero desde el norte, inclusive hasta la puerta de entrada al valle por donde habíamos ingresado, ubicada al sur.

Si revisamos el mapa encontramos nombres como La Quebradita, La Bolsa, Carapunco, etc. solo son caseríos, algunos recientes donde se construye casas de fin de semana, en el recorrido no hay ningún tipo de servicio salvo, una iglesia con cementerio llegando al punto más alto 3048msnm en “Abra de El Infiernillo”.

En este punto nuevamente se produce un cambio de paisaje, desaparece la vegetación, la tierra es casi arena con piedra bola, llama la atención los cardones que entran a escena dominando el horizonte, el Río de Amaicha sobre el margen izquierdo con blancas aguas es un nuevo compañero.

Después de transitar el punto más alto viene el descanso de las piernas se podría decir que hasta Amaicha es un 80% de bajada de asfalto en mal estado, aquí debemos elegir o dejarnos llevar por la velocidad o bajar lentamente mirando el hermoso paisaje árido con algunos pequeñas arboledas donde luego descubrimos a los poblados.

Los Cardones, Los Corpitos, Ampimpa son algunos de los caseríos a los largo de la bajada. Especial cuidado cuando nos detenemos en las banquinas con la presencia de espinas.

La entrada a Amaicha está enmarcada por una estación de servicio y una construcción que llama la atención museo - hotel decorado con piedras y motivos indígenas que lamentablemente por estar en el alto lo veremos desde todos lados.

Cuando transitamos la calle de ingreso descubrimos la sencillez y humildad del poblado, calles arenosas, casas de adobe, muchos algarrobos, una plaza central llena de jóvenes y algunos bares, con parroquianos guitarreando en la vereda.

Nuestra entrada se produjo a las 16hs del domingo, calculamos que la mayoría disfrutaba de la siesta. Si bien el sol pegaba fuerte no se sentía calor seguramente por el clima seco del lugar.

Rápidamente conseguimos alojamiento en la Hostería El colonial a una cuadra y media de la plaza. Es una vieja casona a patio central con aljibe con habitaciones distribuidas a su alrededor con una galería espaciosa. La persona encargada nos aclaró que las habitaciones no tienen llave, “ por que acá no pasa nada”, es una construcción de adobe, inclusive con techo de enramada y torta prolijamente terminado.

La tranquilidad del lugar, las construcciones y la tierra arenosa por no decir arena,  dotan de una atmósfera especial al lugar.

Luego de un baño y algo de comida salimos a recorrer el pueblo mate bajo el brazo, el museo arqueológico estatal cerrado, cualquier calle es un circuito turístico donde podemos observar arquitectura popular, costumbres, modos de vida, caminando en silencio.

Visitamos la obra escultórica de un alemán Ludwing Schumaher que talló una virgen en el tronco de un algarrobo que sale de la tierra, viviendo mientras la obra se realizaba en una ranchada junto al río. Lamentablemente el pintoresco paisaje de la barranca del río con un monte de algarrobos desde todo punto de vista es invadido por las imágenes del museo hotel quitándole la atmósfera tan armoniosa del pueblo.

Ya de tardecita la plaza central era una escenografía para las relaciones entre vecinos, caminando a su alrededor, tomando mate en el pasto, guitarreando, distintos grupos compartían charlas, música y sonrisas. Realmente envidiable, como un espacio se llena de vida, de relaciones sin la necesidad de estar consumiendo o cuidándonos como en nuestras ciudades. El espacio público es el lugar de las relaciones y del control social.

En esta recorrida etnográfica del pueblo viendo que hacen y como lo hacen encontramos las primeras personas con el “acullico” de coca que da una característica particular a los rostros, y a medida que nos dirigíamos más al norte se hace más presente.

Después de encontrar algunos amigos inesperados por la calle que fue toda una sorpresa, locro mediante nos fuimos a dormir. Mucha atención con los mosquitos. 

Segunda parte del viaje

Etapa III  Amaicha del Valle – Cafayate 69km 

Tranquilos en la mañana y lentamente, como sin querer dejar el pueblo tomamos la ruta 357 con rumbo a Cafayate. Antes de partir necesitábamos echar aire a las gomas, fuimos a la estación de servicio a la entrada del pueblo y por esas cosas inexplicables no hay donde hacerlo.

Cerca de allí en una casa de familia, una vieja cubierta de camión anuncia gomería, después de golpear las manos y de explicarle a una señora nuestro problema abrió un portón prendiendo el compresor, “mi marino solo atiende de tarde ahora trabaja en el campo” dijo pobre del turista que tenga problemas con las espinas abundantes del lugar.

La 357 es una tranquila ruta de asfalto con una suave bajada hasta que se encuentra con la ruta 40 cerca del puente del Río Santa María.

Desviamos a las Ruinas de los Indios Quilmes por un camino de ripio muy deteriorado teniendo en cuenta la cantidad de turismo que transita.

Nos encontramos con dos hermanos - Ignacio y Diego – de Buenos Aires que venían del norte en sus bicis, con ellos recorrimos los 5 km que separan la ruta del lugar compartiendo anécdotas de nuestros viajes, en su piel se notaba todo lo que había hecho el sol.

La visita a las ruinas está concesionado a un privado, al cuál hay que pagarle $2 por persona. Encontramos sanitarios muy limpios, vigilancia,  las bicis nunca tienen un lugar para el guardado así que las depositamos en un rincón bajo la mirada de uno de la empresa que nos dijo “quédense tranquilo aquí nadie toca nada”.

Imponente el asentamiento contra la montaña, escuchamos la historia de la boca (según el ) de un descendiente de esa cultura, pensando las cosas que se han hecho en nombre de la civilización, la religión y la ambición sobre las culturas nativas. Inclusive hasta en nuestros días pero hoy solo en nombre del dinero.

Es un lugar para destinarle tiempo al recorrido y la contemplación.

Comenzamos la vuelta encontrando algunos chicos con sus mochilas que venían caminando bajo un intenso sol de mediodía, en todos los casos nos preguntaron “falta mucho”. Retomando la ruta 40 nos causaba sorpresa  los montículos de arena y piedra en las banquinas, donde los lechos secos de los arroyos cortaban la cinta de asfalto. Cuando llueve baja de la montaña el agua arrastrando material que deja a su paso. Esto requiere de un mantenimiento constante con maquinarias.   

Recuperamos fuerza almorzando en la plaza de Colalao del Valle en compañía de un personaje del pueblo. Habíamos comprado para hacer unos sándwich y nos instalamos en la sombra de los árboles de la plaza cada uno preparándose para degustar, entra en escena el personaje, ropa muy deteriorada, un solo diente, bastante sucio – buenas – buenas , como anda la cosa por acá - y mal – no hay trabajo, a veces una changa – usted sabe se come cuando hay, dice – mi señora que estaba luchando con el sándwich corta la mitad y se lo entrega, rápidamente lo termina y sigue ahí, hago lo mismo entregándole mi mitad, en eso quedo solo con él, y me tira la pregunta - ¿No tiene un peso para una cajita?- le doy y sale contento al kiosco se instala en otro banco de la plaza con un blanco fresco a matar las penas.

En este paraje nos habían recomendado entrar hacia la izquierda al pueblo llamado “El Pichao” donde hay restos de otra ciudad precolombina, la decisión fue de continuar rumbo a Cafayate.

Este tramo de la ruta es bien tranquilo y muy pintoresco, hacia la derecha se deja ver el río con su valle, lentamente en ese terreno arenoso que parece que nada iría a crecer, se hacen presente las primeras fincas productoras de uvas, cada una identificada con su cartel finca... tanto...bodega......desde 188....

Para destacar es el pueblo de Tolombón muy chiquito y pintoresco totalmente dedicado a la producción de vinos y quesos. Posee un hospedaje en una vieja casona en medio de plantaciones de uvas.

Habíamos ingresado a la Provincia de Salta de la mano de un viento norte que parecía que no quería dejar que saliéramos de Tucumán.

Pasábamos frente a la bodega Etchart esto significaba haber llegado a la meta.

La ruta se confunde con la calle de ingreso a la ciudad hasta llegar a la plaza, el río Lorohuasi con su camping, talleres de artesanía, el museo del vino, etc. Se van sucediendo hasta llegar a la oficina de turismo en esos días completamente desbordada por los turistas.

Pese a eso  éramos atendido con una amabilidad y atención que nos hacían sentir únicos. Fácilmente encontramos alojamiento en una casa de familia muy cerca del centro.    

Este pueblo Calchaquí permite disfrutar de la naturaleza, de museos, bodegas todo para recorrer a pie, en un ambiente donde se destaca la sensación de seguridad. Por lo que pudimos ver existe una vida pública intensa entre los pobladores nativos del lugar, todos se conocen y saludan. Nos llamó la atención que la gente llegaba al supermercado en su bici la estacionaba en el cordón, entraba compraba y montando se alejaba sin ninguna preocupación – Que lujo no?- Otra demostración del control social que existe (y no comparto) lo descubrimos en el atrio de la catedral donde se exponían actas de matrimonios a concretarse para su objeción si alguien tuviera algo a decir.

Es un pueblo que invita a gozar de la vida a pleno.

No dejamos de visitar el taller Utama de Haro Galli ubicado en las afueras del pueblo, lamentablemente no lo encontramos pero fuimos muy bien atendidos por su madre.

Habiendo descansado, probado y aprendido sobre la fabricación del vino decidimos emprender lo que se convirtió en la última etapa de nuestro viaje. 

Segunda parte del viaje

Etapa IV Cafayate – Salta 189 km    

Con muchas ganas de quedarnos a vivir,  tuvimos que tomar la decisión de seguir nuestro viaje, esa noche comenzó a llover y a refrescar, para la madrugada teníamos un suave viento del sur que nos sería favorable.

Partimos  a las siete de la mañana con nubes y algo fresco a tomar la ruta 68 con km o en  Cafayate llegando a Salta.

El asfalto va uniendo distintos tipos de ambientes que se suceden despertando sorpresa a cada paso. En los primeros kilómetros un paisaje de médanos encuadra el camino, las dunas sobresalen de la vegetación, imaginen que estaba amaneciendo. Poco a poco la quebrada se ensancha alojando al Río de las Conchas, la ruta sigue su zigzagueo.

Las montañas de arenisca de distintos colores toman formas extrañas a las que le han puesto nombres como  El obelisco, El Sapo, El Anfiteatro, etc. Es un paisaje mágico, y certificando esto, como colocado en la ruta apareció un ciclista nativo, en una vieja bicicleta inglesa, no sabemos de donde, él con su bolsito cruzado nos acompañó por más de  20km en ocasión prendía un cigarro y seguía tranquilo.

El relieve de la ruta hasta el Paraje “Tres Cruces” tiene un 70% de subida esto ocurre a 36 km de Cafayate,  luego existen dos “repeches” duros en los Km 47 y 66. En temporada de lluvia se ven desmoronamientos que arrojan piedras sobre la ruta, es un doble peligro por que los automovilistas los esquivan sin mirar que venimos lentamente.

Hasta Alemanía no hay poblaciones de importancia solo algunos caseríos, puestos de venta de cerámica muy precarios, algún ranchito cerca del río con terrazas de cultivo, llamas y guanacos sueltos, solo naturaleza.

Justo a la mitad del camino se destaca un parador llamado “La posta de las Cabras” con muy buenas instalaciones pero con precios no acordes al bolsillo del cicloturista, no desesperar poco después en Talapampa se puede almorzar por unos pocos chelines en cualquiera de los puestos sobre la ruta.

A esta altura de la ruta la vegetación boscosa a ganado las laderas de los cerros y el valle del río que ahora se llama Guachipas hasta su desembocadura en el Embalse Cabra Corral. Poco a poco todo se torna más fértil y llano presentando algunos campos de cultivo.

A esta altura se incrementa el transito por la atracción que representa el embalse,  con la oferta de camping, pesca, balnearios, etc. Uno de los pueblos que da entrada a la zona es Coronel Moldes, en la calle principal podemos ver viejas recovas coloniales.

Se suceden pequeños pueblos dedicados a la agricultura variada y a medida que nos acercamos a Salta prevalecen las fincas tabacaleras que modelan un paisaje con los secaderos y galpones donde viven los trabajadores con sus familias.

El contraste social llama la atención, grandes casonas en el corazón de las fincas y en la periferia los obrajes  donde la gente se las ve cocinando con leña y lavando ropa en cuartos de cubiertas de camión con los niños correteando.

Por el horario en que circulábamos por la ruta nos vimos involucrados en la salida de los operarios de las plantaciones que formaban una larga fila de cientos de ciclistas en bicis desvencijadas por el borde  de la ruta, quedamos intercalados como una nota de color en la miseria de esta gente que terminaba una jornada de trabajo.

Ya de tardecita entramos en Salta la linda la de los contrastes le agregamos nosotros, buscando el barrio San Carlos donde nos alojaríamos gracias a unos amigos.

Recorrimos y disfrutamos la hermosa ciudad hasta la noche del domingo que nos embarcamos en ómnibus hacia Córdoba donde llegamos el lunes a media mañana.

En la terminal de ómnibus armamos las bicis, pedaleando hasta nuestro domicilio en las afueras de la ciudad.

Fueron dos semanas y 1000km de grandes emociones, de desafíos físicos y mentales, de descubrimientos que fortalecieron nuestro espíritu. El cicloturismo permite conocer de una forma especial nuestros lugares. Hoy con todavía frescas las sensaciones ya estamos pensando en el próximo desafío.    

Queremos agradecer a todos los amigos que nos brindaron apoyo y cariño en los distintos lugares por donde pasamos. 

Febrero 2004

Participantes

  • María Cristina Sosa, 41 años, Arquitecta, Docente

  • Germán Gustavo Rebord, 42 años, Arquitecto

Bicicletas

  • Marín, Nail trail, aluminio

  • Kromos, Ikos, aluminio

Córdoba, Argentina
Correo electrónico: rebord22@yahoo.com.ar


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