II - CRUCE DE LOS ANDES
MENDOZA – VIÑA DEL MAR
Octubre/Noviembre 2004
El sentido fundamental de relatar esta maravillosa experiencia es alentar a aquellos cicloturistas amateurs para que se decidan a lanzarse en una aventura de este tipo. Seguro que después de leer esta experiencia ya no lo van a dudar.
Por Guillermo Ortega: gortega@itcsa.net
En el relato de este nuevo cruce de la cordillera de Los Andes uniendo Mendoza con Viña del Mar, no se puede dejar de hacer algunas referencias del anterior. Aquél fue un viaje inolvidable que hicieron solos Guillermo y Ariel, sin ningún tipo de apoyo y cargando absolutamente todo lo necesario.
En este viaje se incorporaron tres nuevos cicloturistas (hoy amigos entrañables) quienes se conocieron en muy diferentes y curiosas circunstancias que bien vale la pena contar para comprobar que en la vida hay “coincidencias” que aparentan ser casualidades y que al final se descubre que formaban parte de un destino ciclístico común que nos marcaría a fuego.
Empecemos con Ángel Piatti, quien escribe un e-mail después de engancharse con la nota publicada por Biciclub en su numero de febrero de este año, mientras almorzaba en un restaurante de Buenos Aires en su hora de descanso.
De ahí en mas fue un ininterrumpido intercambio de e-mails con la idea de Ángel de hacer el viaje solo.
Luego apareció Sergio como su posible compañero y al final nos enganchamos todos.
Ángel nos sorprendió por su sensibilidad y espíritu solidario. Recibió el premio al valor y al esfuerzo.
Se vino en ómnibus desde Buenos Aires y al día siguiente ya estaba trepado en la bici entrando en la precordillera mendocina, con un entusiasmo tremendo y extasiado por el paisaje.
Pedaleando a su lado nos conmovimos al enterarnos que colabora en una institución de bien público como guía de un ciclista no-vidente.
El encuentro con Sergio Battistoni fue aún más casual (o coincidente) ya que se conocieron con Ariel y Guillermo cuando estos pedaleaban por el Parque Gral. San Martín y de repente ven que un ciclista (Sergio) cae por esquivar una pelota que le tiraron unos pibes. Se acercaron de inmediato, lo tranquilizaron y después de escuchar su descarga por la bronca del momento, se pusieron a charlar y al tiempo estaban los tres pedaleando juntos por todos lados. Cuando hablaron del cruce anterior, Sergio se entusiasmó de una manera tal que no paró hasta concretarlo. Se entrenó a fondo y con gran responsabilidad. A fuerza de coraje y una voluntad inquebrantable venció las alturas y las empinadas cuestas arrastrando TODO consigo. Recibió el premio al coraje y a la constancia.
En el caso de Raúl Chávez se conocían con Ariel y Guillermo del año pasado al encontrarse fugazmente en las trepadas hasta Cacheuta. Lo invitaron para el cruce anterior pero no pudo. Este año, aun medio engripado, largó todo y cumplió su sueño. Resultó ser una ayuda clave para Ángel y en definitiva para que todos llegásemos juntos a Viña.
Un gran ciclista y mejor persona. Es tan sencillo que recién cuando habíamos llegado a Viña y de casualidad nos contó que fue Campeón mendocino de MTB 2003. Recibió el premio al compañerismo.
El viaje empezó cuando nos encontramos los cinco a las 8 de la mañana en el centro Palmares y después de acomodar las alforjas de Ángel que se vino de Buenos Aires sin haber tenido tiempo de probarlas.
Esta adaptación la tuvimos que hacer con un palito que cortamos de un árbol y atamos con pedazos de cámara de bicicleta a la parrilla para que la alforja no tocara la rueda, no saben lo original que se veía la Vairo con eso, de ahí nos quedo el sobrenombre de INDIOS.
Luego partimos bajo un cielo azul y un sol radiante que nos acompañaría todo el tiempo.
Los primeros tramos del camino, con poco tránsito nos permitió charlar, conocernos, describir los lugares por donde pasábamos, todo esto pedaleando a un ritmo tranquilo.
Ya cuando entramos en la ruta internacional y aparecieron las primeras subidas largas y sostenidas, empezamos a ver que las piernas de Ángel no respondían bien. La altura y la falta de entrenamiento en montaña, se hicieron presentes y fueron una preocupación constante para él y para el grupo.
Esto lo fuimos mitigando con reiteradas paradas, pero al ver que el promedio se nos venia abajo y comprometía la llegada a Uspallata, hablamos con Ángel y decidimos ayudarlo en las subidas acudiendo al recurso de remolcarlo con un cable atado al manubrio de su bici y a la parrilla de la bici de Raúl, quien ya había demostrado claramente que tenia piernas de sobra.
Así, ya las cosas mejoraron y el promedio se estabilizó llegando a Uspallata a las 6 PM, unas tres horas mas de lo estimado, dejando la incógnita para la siguiente etapa, la mas dura y exigente de todas.
Esa noche después de una cena reparadora y ante la llegada de unos increíbles amigos de Sergio, quienes se ofrecieron para acompañarnos unos kilómetros dándonos apoyo y protección con su camioneta equipada con balizas especiales sobre el techo, hablamos con Ángel quien rápida e inteligentemente comprendió que lo mejor era viajar con ellos y luego reintegrarse al pedaleo con el resto del grupo.
A las 6:30 AM del día siguiente ya estábamos en la ruta iniciando la primera parte de la segunda etapa: el ascenso a Las Cuevas a 3.200 msnm.
Este tramo de 86 Km. donde se suben 1.300 metros, es la llave del cruce.
El tramo mas difícil son los últimos 16 Km. (Puente del Inca-Las Cuevas).
Se suben en ese corto tramo más de 500 metros. El viento sopla fuerte con ráfagas de hasta 60 Km./h.
En ocasiones parece que uno enfrenta una pared.
Se sufre, se lucha, se detiene a reponer fuerzas cuantas veces sean necesarias y se sigue hasta llegar.
La llegada a la barrera del túnel internacional tuvo una carga emocional muy fuerte por haber alcanzado la meta y porque allí nos esperaba Ángel quien ya había hecho los contactos para que el vehículo de vialidad chilena nos cruzara. No se permite tracción a sangre, el túnel tiene mas de 3 Km. de longitud, de doble vía, sin banquina y con tránsito intenso de camiones de gran porte.
Pasando el túnel, llegamos a la aduana integrada Los Libertadores (Chile) donde nos demoraron mas de la cuenta perdiendo casi una hora.
Saliendo de ahí entramos todos juntos, al segundo tramo de la etapa rumbo a Los Andes, con bajadas muy fuertes, algunas subidas suaves atravesando una buena parte del camino con desvíos y obras de reparación.
La bajada de los caracoles que el año pasado la hicimos al taco llegando a los 60 Km./h., en esta ocasión tuvimos que cuidarnos de los fuertes vientos cruzados que nos movían las bicis.
Por fin terminamos esta larga etapa cuando hicimos contacto con el centro de la ciudad de Los Andes a las 9 PM. tras unas 14 horas entre pedaleo, tramites y paradas. Después de alojarnos y un buen baño, salimos en busca de una buena cena, pero nos encontramos con casi todo cerrado (era domingo y víspera de elecciones), teniendo que recurrir a un restaurante de comidas rápidas. A esas alturas ya teníamos pocas pilas así es que nos fuimos a descansar para juntar fuerzas para la ultima etapa.
El lunes nos levantamos tipo 9 AM. desayunamos y partimos hacia Viña en un día esplendido, durante el cual los chilenos tenían feriado por ser el dia de los muertos (01/11/04).
Por esto es que en general el tránsito estaba bastante tranquilo, tanto que Angel se dio el lujo de hasta sacarnos fotos desde su bici en movimiento. Casi siempre viajamos por las buenas banquinas que tienen las rutas chilenas.
Con otra actitud por ser la ultima y más liviana de las etapas y con un pedaleo tranquilo nos fuimos aproximando al mar, después de hacer varias paradas refrescantes ya que el sol estaba fuerte. Aunque no lo veíamos, empezamos a sentir su presencia con aire fresco que nos envolvió. Después de la última loma, apareció majestuoso provocando en todos un grito de alegría y pasión contenidas. Ya estábamos en Con-Con desde donde fuimos pedaleando y disfrutando el camino de la costa hasta Viña del Mar.
APOSTILLAS
El alemán y sus indios
A medida que entrábamos en confianza con Ángel y observando su buen humor, el resto de la tropa lo bautizo: “el alemán” por su forma casi erecta de pedalear, su mirada desde arriba y su necesidad de ser atendido. De ahí que poco a poco todos fuimos siendo sus indios recién colonizados: el remolcador, el gestor, el enfermero, el psicólogo…
La parada más refrescante: arroyo Alumbre
Antes de llegar a Uspallata hacia la izquierda del camino hay una entrada que llega hasta el arroyo El Alumbre que trae agua cristalina que baja de una vertiente de la alta montaña. Un lugar hermoso y virgen, ideal para refrescarse y rellenar las cantimploras.
La parada más jugosa: las chirimoyas
La obligada parada en un puestito de frutas a la vera del camino en la zona de Llay-Llay que significa viento-viento (Chile). Allí estaban como esperándonos y mas dulces que nunca las sabrosas chirimoyas (fruta que se da en los meses de octubre hasta mediados de diciembre), que comimos a la sombra de unos frondosos árboles.
La remolcada
La hicimos uniendo dos cables de frenos con un nudo 8 atando un extremo a la parrilla de la bici remolcadora y el otro al avance de la bici remolcada. Por supuesto el remolcado siempre fue pedaleando y colaborando en el ascenso. Resistió perfectamente y nos ayudo a resolver el problema momentáneo por fatiga muscular.
El apoyo de los Collado.
Unos amigazos de Sergio (Mirta y Daniel Collado) y su esposa Graciela, nos brindaron un invalorable apoyo técnico, logístico y psicológico durante 63 kilómetros muy importantes dentro de lo que llamamos el tramo critico del ascenso (Uspallata-Penitentes). Nuestro agradecimiento mas profundo. Recibieron el premio a la solidaridad.
El viento
Nuestro inseparable compañero a lo largo de todo el camino. Por momentos insoportable (en las subidas mas empinadas y siempre en contra) y por momentos muy agradable cuando se transformó en fresca brisa (llegando al mar y mientras lo fuimos costeando).
El ángel que nos acompañó.
Aunque resulte inexplicable y suene medio raro, lo cierto es que durante todo el trayecto, Guillermo tuvo siempre la sensación que había alguien mas con nosotros.
En muchísimos momentos que se daba vuelta a ver si venían todos buscaba un sexto compañero que nunca pudo ver.
Se lo comentó a algunas personas muy creyentes y dicen que tal vez sea la presencia del ángel que nos acompañó y protegió. Lo cuenta porque fue algo muy fuerte que sintió, de lo que seguramente nunca tendrá una explicación.
Los túneles y cobertizos
Siempre fuimos muy cuidadosos antes de encarar el cruce de un túnel, de mirar y escuchar que no viniera nadie de atrás, especialmente camiones. No hay banquina donde tirarse para dejarlos pasar.
La velocidad máxima
La alcanzamos del lado argentino en la bajada próxima al dique Potrerillos y fue de 66 km/h. sin tocar los pedales, ubicando el cuerpo en posición aerodinámica.
La velocidad mínima
Subiendo la curva de la soberanía, antes de Las Cuevas, llegamos a ir a 6 km/h. sin mas recursos de transmisión, por momentos frenados por el viento.
Los adminículos
Las bicis fueron equipadas con todos los adminículos necesarios para mantenerse más de 30 horas de la mejor manera posible. Desde los manubrios con cuernos y sobre-cuernos para variar la posición de los brazos y evitar dolores de cuello, asientos cómodos, hasta las luces de buena calidad. Una de las bicis se equipó con una pequeña batería que alimentaba una luz destellante tipo flash hacia atrás y un reflector hacia a adelante. Se buscó confort y seguridad a costa de peso.
La bitácora del viaje.
Para los que gustan del detalle con promedios, principales paradas y distancias.
Sin problemas mecánicos ni climáticos
Gracias a Dios ni siquiera tuvimos una pinchadura. El buen tiempo nos acompaño siempre. Tuvimos mucha suerte, a los 2 días de nuestro regreso se cerró el paso por un temporal de nieve.
Los consejos para antes y durante el viaje
Hacerse un chequeo medico que incluya una ergometría.
Tomar desde unos días antes algún suplemento a base de magnesio (holeo magnesio B6, Total magnesiano u otro similar).
Entrenar por lo menos unos 6 meses antes del viaje, en caminos de montaña con por lo menos un grado medio de dificultad con subidas sostenidas y con una buena cuota de sacrificio. Algunos dicen que el ciclista de montaña debe aprender a “sufrir cada día un poco mas…”.
Durante el viaje cuidar los músculos pedaleando por debajo de su capacidad.
Parar cuantas veces lo pida el cuerpo de alguno: elongar, oxigenarse y seguir.
Alimentarse (barritas) e hidratarse (gatorate o jugos de frutas, tipo Baggio multifrutal) permanentemente sin esperar a tener hambre o sed.
Viajar concentrados en el camino, espiando siempre el espejito retrovisor, avisando siempre a los otros la presencia de camiones.
En caso que alguno tenga problemas de apunamiento, calambres o fatiga muscular, para no frustrar el viaje de todos, se puede recurrir a la técnica de la remolcada. De no resultar esto, hacer dedo a un camionero para que lo acerque a la localidad mas cercana o de ultimo tratar de subirlo a uno de los tantos ómnibus que hacen este trayecto.
Las herramientas
Aunque no las usamos hay que llevarlas: cámara, cubierta, palancas, juego llaves multiusos, cables, tacos, parches, rayos, tensa-rayos, eslabones de cadena y corta cadena.
El entrenamiento
Convengamos en que si uno esta bien entrenado, puede cruzar la cordillera con una bicicleta de $300, pero si no es así no sube ni con una de $10.000. En esto, lo importante son las piernas y la fortaleza mental. La bici es lo de menos.
Desde que decidimos hacer este cruce, Guillermo, Ariel y Sergio iniciaron un programa de salidas semanales hacia la localidad de Cacheuta cuyo camino, que bordea el cauce del Río Mendoza, es bastante propicio para el objetivo, ya que cuenta con tramos de buenas subidas sobre los 1.000 msnm y tiene poco tránsito por cuanto el camino termina en lo que ahora es el dique Potrerillos.
También subieron desde Canotas hasta Villavicencio volviendo a bajar para reiterar la empinada subida conocida como “agua del pajarito” de unos 8 Km. Este camino, que atraviesa una zona con montañas de laderas verdes cubiertas de flores amarillas por donde se escurren vertientes de aguas cristalinas, prácticamente no tiene tránsito ya que el Hotel Villavicencio permanece cerrado y solo suben ocasionales turistas.
Asimismo les resultó muy útil para hacer piernas, subir y bajar en reiteradas y seguidas ocasiones al muy popular “Cerro de la Gloria” del Parque Gral. San Martín (Mendoza). En la práctica diaria cada uno optó según sus posibilidades: Ariel con la natación, Sergio con la bicicleta fija en su casa y Guillermo pedaleando alrededor del lago del Parque.
En el caso de Ángel y dada la problemática de Buenos Aires para pedalear con cierta seguridad, se concentró en salidas a circuitos cerrados de la Ciudad como guía de no-vidente y pedaleadas organizadas por la Av. Libertador hasta San Isidro, complementado con ejercicios y bicicleta fija en un gimnasio.
Lo de Raúl es diferente ya que se trata de una persona que entrena permanentemente. La bici es su principal medio de transporte y además organiza salidas semanales por caminos con variados tipos de terrenos entrenando a nivel competitivo.
Los hoteles
Uspallata: Los Cóndores (nos atendieron de 10, ahí paran casi todos los ciclistas que hacen el cruce, hasta nos dejaron lavar la ropa y para las bicis nos dieron una habitación sin cargo (al otro día no querían salir…) pagamos $ 28 c/u con desayuno) TEL. 02624-420002
Los Andes: Don Ambrosio (buen hotel, bien ubicado, nos guardaron las bicis en el gimnasio y nos dieron la llave, pagamos U$S 14 c/u con desayuno) TEL. 5634-425496 Ubicación: Freire 472
Viña del Mar: El Escorial (sencillo y buen hotel familiar de argentinos, bien ubicado, nos guardaron bien las bicis y pagamos U$S 13 c/u con un muy buen desayuno) TEL. 907919 Ubicación: 4 Norte Nº 535
Lo que sintió la tropa
ANGEL (44): "...realmente fue una experiencia maravillosa, ¿como hacer para volcar en pocas palabras tanta emoción? No se! ... todo fue muy fuerte, jamás pensé que podía vivir algo así, siempre lo soñé y lo pensé como algo que solo quedaría en la Ilusión, Gracias a Uds. Mendocinos !!! que con sus mentiritas me fueron llevando lentamente a Chile...”
SERGIO (43): "...fue una experiencia muy fuerte, además de fantástica. Todavía nos veo bajando los caracoles chilenos, parando a comer chirimoyas, festejando la llegada a Con-Con..........
“…ya hice revelar las fotos, y amplié algunas que he puesto debajo del vidrio de mi escritorio, por ejemplo la que aparecemos abajo del cartel "Bienvenidos a Chile", quien puede olvidar esto ?, además que aún sigo recibiendo las felicitaciones de parientes, amigos, compañeros de trabajo, realmente algo inolvidable... “
“…quiero agradecer a mis queridos compadres Mirta y Daniel (los Collado) quienes espontáneamente se ofrecieron a apoyarnos con su camioneta y muy especialmente a mi esposa Graciela que de igual manera me alentó a hacer esto, además de darnos café y facturas durante una parte muy dura del viaje. También darle las gracias, por su sincera amistad, a mis queridos amigos de “la tropa”, con los cuales compartí esto que para mí fue un gran desafío, fundamentalmente a Ariel y Guillermo quienes desde el principio me brindaron su sincera amistad (aún siendo casi un desconocido para ellos), consejos y apoyo, con lo que lograron entusiasmarme para concretarlo…”
RAUL (33): “…era un viaje que soñaba hacer, lo disfrute mucho, hacia tiempo que no hacia cicloturismo. Gracias por invitarme…”
ARIEL (41): “nunca hubiera imaginado que cruzaría la Cordillera de Los Andes, y menos 2 veces con esta, recuerdo cuando empecé a andar en bici hace tres años, me iba al parque General San Martín que esta tan solo ha 5 Km. de mi casa y llegaba cansado como un perro; por eso amigos; lo principal esta en la mente y en las piernas lo demás es cuento…”
GUILLERMO (54): “… en este cruce me divertí muchísimo, lo disfruté a full, los compañeros fueron geniales, nos llevamos rebién, siempre hubo buena onda, el tiempo se me pasó volando, no me cansé y la verdad es que llegué entero a Viña…que mas puedo pedir a mis 54 pirulos. Ya tengo en la cabeza el próximo cruce que bien podría ser el doble cruce o sino el cruce por el Paso Puyehue a 1.314 m de altura al norte de San Carlos de Bariloche, donde la ruta bordea los lagos Correntoso, Espejo y Nahuel Huapí, desde Villa La Angostura llegando hasta Puerto Montt (Chile)…”
Agradecimiento
Especialmente a nuestras respectivas familias, esposas, hijas e hijos, simplemente por comprendernos, al matrimonio Collado y también a todos aquellos desconocidos del camino, que desde sus vehículos con gritos y hasta con aplausos nos alentaban y daban fuerzas.
Los ciclistas de la tropa
Ángel Piatti - Sergio Battistoni - Raúl Chávez - Ariel Camenforte - Guillermo Ortega